El Sena crece y París se inunda.

 

Un sauce llorón, en la esquina sur de la Square du Vert-Galan, rodeado de agua, aguanta la crecida del Sena.

La mayor crecida de las aguas del Sena que se tiene documentada ocurrió hace más de un siglo, en el año 1910. En aquella crecida, el volumen del agua fluvial alcanzó un crecimiento sobre el nivel normal de ocho metros y sesenta y dos centímetros. Los daños que causó esta inundación fueron innumerables y su coste alcanzó varios centenares de millones de francos.

Hace pocos años, en 2016, las lluvias torrenciales caídas en la región parisina llevaron a asustar también a la población por la repentina crecida del Sena y del Marne, aunque se quedó en un amague preocupante pues la altura de las aguas “sólo” alcanzó los seis metros diez centímetros y, aún siendo muchos menos, también provocó inundaciones en los barrios ribereños de ambos cursos fluviales.

Es la misma situación que se está produciendo en estos días. El 29 de enero alcanzó el Sena una altura de cinco metros y cuarenta centímetros sobre su nivel normal. El Louvre ha tomado medidas para que sus obras no se vean afectadas por una posible inundación y se ha activado un periodo de emergencia por si se producen más lluvias y el cauce del Sena toma un volumen mayor.

El zuavo del Pont de l´Alma.

De momento, el zuavo del Pont de l´Alma puede sacar la cabeza y respirar tranquilo. En este puente, sobre la única pilastra que descansa en el agua, se encuentra la estatua de un zuavo realizada en 1856, que servía de instrumento popular de medida de las crecidas del Sena. Cuando el nivel del Sena llegaba a los pies de este zuavo, las vías de las orillas en general se cortaban. Cuando el agua subía hasta los muslos del zuavo, el Sena dejaba de ser navegable. Como indicador quedó para la historia que, durante la crecida de 1910, el agua llegó hasta los hombros.

El zuavo se sitúa hoy a mayor altura que en su ubicación original, debido a un elevación llevada a cabo en 1970 en el mismo pilar del puente. La administración mide las crecidas del Sena en la actualidad en otro puente, el puente de la Tournelle, un poco más arriba del Sena.

La Torre Eiffel, amenazada por la subida del nivel de agua del Sena.

 

Los parques ribereños están bajo las aguas del Sena. Esta foto, tomada desde el Pont Neuf, nos muestra la Square du Vert-Galan y sus jardines bajo las aguas del Sena.

 

Inundaciones sobre el Pont de Grenelle, empezando a cubrir el pedestal de la Estatua de la Libertad que está situada al sur de la Isla de los Cisnes.

 

La Torre Eiffel y el Pont de Bir-Hakeim.

Los viñedos de Montmartre.

 

Viñas de la colina de Montmartre. Recolección a mano en el segundo domingo de octubre, durante la Fiesta de la Vendimia.

Un país tan vitivinícola como Francia no podía dejar a la capital de la República sin una plantación de vides, aunque ésta dé lugar a una de las cosechas más exiguas del mundo. Estamos hablando de los viñedos de Montmartre, una colina que alberga poco más que un séptimo de hectárea (1/7 Ha.), conocida por los parisinos como las “Vignes du Clos Montmartre” y que nos regala cada año alrededor de mil quinientas botellas de un vino que mezcla más de 30 variedades distintas de uva.

La existencia de viñedos en Montmartre es muy larga y más que milenaria. Ya se tiene conocimiento de que en el año 944 existían viñedos en Montmartre. Está datado que, a lo largo del siglo XII, los viñedos fueron plantados por las Damas de la Abadía de Montmartre fundada por una rica dama, Adelaida de Saboya. El empobrecimiento de la abadía la lleva a vender posteriormente sus parcelas de vid.

Viñas de la colina de Montmartre.

En el siglo XVI, los habitantes de Montmartre, una localidad que entonces estaba fuera de las murallas de París, son principalmente viticultores. Las vides crecen desde la cima del Butte hasta las llanuras circundantes. En esta época hacían vino blanco y tinto y el vino de Montmartre era conocido con varios nombres: “Le clos Berthaud”, “La Goutte d’or”, “Le Sacalie”, “La Sauvageonne” o incluso más tarde, “Le Picolo”.

A principios del siglo XVII, en la ubicación actual de Clos-Montmartre, se levanta una cafetería de estilo rural en medio de los viñedos. Su nombre, “El parque de Belle Gabrielle”, nombre que proviene de una casa que perteneció a Gabrielle d’Estrées, amante del rey Henri IV. En el siglo XVIII, la colina está cubierta de viñas y ya los arrabales de París empiezan a acercarse a los pagos de Montmartre.

No más de 2000 metros cuadrados cubren las viñas de Montmartre.

Más tarde, el lugar se convierte principalmente en un terreno baldío, asilo para los vagabundos y el patio de recreo para los niños del vecindario. Cuando Montmartre se anexó a París en 1860, las viviendas se desarrollaron a expensas de ocupar el espacio  del viñedo restante y el artista Aristide Bruant se hizo con el último reducto del viñedo.

A la muerte de Aristide Bruant, la ciudad de París compró el lugar. Estaba previsto construir edificios (estamos en 1930), pero no cuentan con la movilización de los habitantes del distrito que se oponen a estas construcciones. El prefecto de la época los escucha y hace que la tierra no pueda ser edificada.

La colina de los viñedos de Montmartre en primavera.

Después de la desaparición completa de los viñedos en 1928, las viñas de Montmartre se plantaron cinco años después. En 1933, la ciudad de París, en cumplimiento de los deseos de la empresa “El Viejo Montmartre” creó el Clos Montmartre con la plantación de 2000 vides (0,15 hectáreas). El primer festival de la cosecha en 1934, patrocinado por Mistinguett y Fernandel, contó con la presencia del Presidente de la República Albert Lebrun. ¡Pero todavía no había uvas! Así que compraron uvas en el mercado de Les Halles y colgaron los racimos con hilo para que los padrinos puedan cortarlos.

Vista aérea de los viñedos. En la esquina de la Rue Saint-Vincent y la Rue des Saules.

Esta vid hoy incluye las variedades más tradicionales de las provincias de vino Francia, así como una selección de híbridos vigorosos y fértiles. El conjunto está adornado con plantaciones decorativas. Actualmente, hay 30 variedades de uva diferentes, el 70% de estas variedades de uva son viejas. Se reemplazan poco a poco los pies con vides provenientes de Suiza. Desde el año 2016, un enólogo se encarga de este viñedo.

Vino de Clos Montmartre.

El acceso público no está permitido, excepto en ocasiones excepcionales, como el Festival del jardín, organizado cada otoño desde 1980 por el Ayuntamiento de París. Cada año, en octubre, se celebra un festival de la cosecha de Montmartre, con un desfile que reúne a las asociaciones de Montmartre y las hermandades del vino de las provincias invitadas. La cosecha no suele sobrepasar los 2.000 kilos de uva.

Mapa de situación del viñedo de Montmartre, cerca de la Place du Tertre y de la Basílica del Sacre Coeur.

The Peninsula-París, el mejor hotel del mundo.

 

Hotel The Peninsula París.

En el post anterior hablábamos largo y tendido de una reina de España, la llamada Reina loca, Luisa Isabel de Orleans, esposa de Luís I, y hoy curiosamente también vamos a comenzar esta historia con otra reina de España, Isabel II, quien en su destierro francés habitó durante 36 años el Palacio de Castilla, un magno edificio situado en el número 19 de la Avenue Kléber, a sólo un par de manzanas del Arco del Triunfo.

Y ¿por qué nos acordamos de ella? Porque este edificio, palacio real en el exilio, es hoy (y sólo desde 2014 cuando se inauguró) uno de los hoteles más afamados de París: Hotel The Peninsula-París, y según los premios World Travel Awards este año es el Mejor Hotel de lujo del Mundo, algo que ya había conseguido en los dos años anteriores.

Medalla de Oro comoMejor Hotel de lujo del Mundo.

Los premios World Travel Awards son, para que entendamos la comparación, los Oscars de los hoteles, la medalla de oro en unas Olimpiadas para un atleta o el premio Nobel de Literatura para un escritor. Los World Travel Awards son relativamente recientes pues se fundaron en 1993 y los premios los otorga anualmente un jurado internacional de expertos en hoteles, principalmente del Consejo Mundial de Viajes y Turismo.

Nominados al premio y los campeones de años anteriores. Vean el nivel que hay.

Del Hotel The Peninsula-Paris se destaca la elegancia del edificio, sus mármoles, su decoración, sus mosaicos, sus vidrieras, sus frescos sobre los techos, sus lámparas y, en general, su riqueza y gusto a la hora de equipar y dar forma al interior del palacio. Esto es básico para ser el mejor del mundo, pero se necesita algo más, un selecto y exigente servicio de lujo, unas instalaciones con lo mejor para el descanso, el deporte, la gastronomía y las relaciones sociales que, como comprenderán, en este lugar tiene una nivel riquísimo en personajes de la alta política, de la economía, de las artes o de la relevancia social a nivel  mundial.

Los restaurantes del hotel son una referencia gastronómica en París.

The Peninsula cuenta con 200 habitaciones de lujo (a mil euros la noche), incluidas 86 suites, siendo la mejor la Suite Rooftop Garden, un imponente dúplex con acceso directo al jardín de la azotea del hotel y vistas a la Torre Eiffel. Cuenta con suites temáticas inspiradas en la alta costura, habitaciones que se encuentran entre las más espaciosas de la capital francesa y las más personalizadas del mundo.

Vistas desde la azotea.

Para los que buscan la distinción en el aspecto gastronómico, el hotel cuenta con hasta cinco restaurantes y dos bares. Entre estos templos gourmet destacan Lili, un espacio gastronómico que te transporta directamente a China con un menú de auténticos sabores y un ambiente de lo más elegante; y La Terrasse Klebér, una de las terrazas cubiertas más grandes de París en la que se sirven platos internacionales bajo su cubierta futurista de acero y cristal.

Y para finalizar debo hacerles una confesión: nunca he estado en el hotel, sencillamente porque no me lo puedo permitir, pero eso sí, en un par de ocasiones he pasado por él y me ha llamado la atención su belleza externa, su colección de coches antiguos a disposición de los clientes que tienen cera de la entrada y la elegancia de sus empleados con sus uniformes impolutos.

En fin, un deseo para apuntar en la libreta del futuro.

Mapa de situación del Hotel The Peninsula-París.

La tumba de la Reina loca, en Saint Sulpice.

 

La Reina Luisa Isabel de Orleans.

La Reina loca. La Reina Luisa Isabel de Orleans. La infanta Marie Louise Élisabeth d’Orléans.

Todos estos nombres pertenecen a la misma persona, a una de las reinas más desconocidas de la historia de España. ¿La razón? Posiblemente porque fue la reina consorte de uno de los reyes más breves que tuvo nuestra historia y que, a buen seguro, muchos ni habrán oído su nombre. ¿O es que alguno de vosotros conocíais que existió un rey con el nombre de Luís I de España?.

Entre 1722 y 1724, Luís I reinó en España debido a que su padre, el primer Borbón, Felipe V, abdicó en su hijo Luís. Pero lo que son las circunstancias vitales de cada persona, en 1924, debido a su prematura muerte por varicela del joven rey, el padre, el rey Felipe hubo de volver a tomar el timón del reino. Fue un reinado muy breve que no llegó ni a los dos años. Y llevando un año de reinado tomó por esposa a la infanta francesa.

Luís I y la reina Luisa Isabel.

Así que durante escasos ocho meses (15 de enero de 1724-31 de agosto de 1724), Luisa Isabel de Borbón reinó en España junto a su marido.

Luisa Isabel fue una infanta de la corte francesa que nació en el Palacio de Versalles el 11 de diciembre de 1709, hija de Philippe II de Orleans y Francisca María de Borbón y hermana del futuro Louis I de Orleans. Se casó en Lerma (Burgos) en enero de 1724 con el rey de España. Como decíamos antes la muerte del rey llegó en agosto del mismo año. Su muerte le sobrevino el 16 de junio de 1742 en el Palacio de Luxemburgo a los 32 años de edad y fue enterrada en la vecina Iglesia de Saint Sulpice.

A este punto de su vida quería llegar para los que se interesen por esta historia.

En la parte menos accesible de la Iglesia de Saint Sulpice, la cripta, está enterrada esta reina de España.

Debido a las continuas ampliaciones de la iglesia (tengan en cuenta que la primera iglesia fue de estilo románica, unas excavaciones realizadas en la iglesia permitieron descubrir una lápida del siglo X) la cripta prácticamente es una reducida sala donde quedan poco más que una veintena de enterramientos.

La tumba de España, en la cripta de Saint Sulpice.

Entre estos enterramientos está la llamada Tumba de España, justo al lado de la Tumba de los Obispos. En esta Caveau d´Espagne es donde está sepultado el cuerpo de la Reina Luisa Isabel de Orleans.

¿Se puede visitar esta cripta? Sí, dos veces al mes. El segundo y cuarto domingo de cada mes. Lo pueden ver en el cuadro de abajo junto con la forma de conseguir la entrada.

Visitas a la Iglesia de Saint Sulpice.

Y para finalizar, vayamos a la curiosidad de esta historia, vamos a referirnos al adjetivo con el que pasó a la historia: la reina loca.

Desde su llegada a la Corte de los Borbones españoles, Luisa Isabel fue protagonista de numerosos incidentes, como pasearse sin ropa, eructar, ventosear en público, corretear por los pasillos y trepar a los árboles, síntomas del Trastorno límite de la personalidad y de la bulimia que padecía.

Se presentaba ante toda la corte sucia y maloliente, negándose a utilizar ropa interior e intentaba provocar al personal exponiendo sus partes íntimas de un modo sibilino. También se dice que se negaba a tocar la comida en la mesa, pero luego se escondía y engullía de modo compulsivo todo lo que encontraba a mano, fuera o no comestible. Su comportamiento parecía empeorar con el tiempo, ya que de la noche a la mañana se la ve limpiando pañuelos, cristales, baldosas, azulejos y tejidos de toda índole en el palacio. Los súbditos allí presentes ven atónitos cómo la soberana se desnuda, agarra su vestido y se afana en limpiar con él los cristales del salón.

El propio rey pasó algunas veces, días enteros sin salir de su habitación para que nadie viera a la reina en estas circunstancias. Desesperado escribió a su padre diciéndole que no cabría otra opción sino encerrarla bajo llave.

Únicamente recuperó la cordura al final de su matrimonio,  mientras cuidaba de su esposo enfermo de varicela, enfermedad que acabó con la vida del rey y con el breve reinado de Luís I y su esposa Luisa Isabel.

La Fontaine Molière.

 

Muy cerca del Palacio Real, del Louvre y de la Comédie-Française (el dramaturgo más conocido asociado con la Comédie-Française es Molière quien está considerado el patrón de los actores franceses; sin embargo, murió siete años antes de la inauguración de La Maison de Molière, como también se conoce a esta institución), en las intersección de la Rue Richelieu y la Rue Molière, podemos ver una hermosa fuente de dos pisos que rinde pleitesía al teatro francés a través de su máxima figura: Moliére.

La Fontaine Molière está adosada a la pared de un edificio, tal como ocurre en la conocida Fontaine Saint Michel en el Barrio Latino y lleva como atributo el número 28 de la Rue Molière  a pesar de hacer esquina de esta calle con la Rue Richelieu.

La Comedia Seria.

La Comedia Ligera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fuente fue diseñada por el arquitecto Louis Visconti, del que ya hemos hablado cuando describimos la Fuente de Saint Sulpice. Es de estilo neoclásico y en el centro de la misma está la figura de Molière fundida en bronce obra de Bernard Seurre y en estado de meditación. Por encima de él, un pequeño frontón semicircular en el que se enmarca a un pequeño genio sentado rodeado de guirnaldas de gloria y reconocimiento.

Por debajo de él podemos ver, a ambos lados dos figuras de mármol, la de la izquierda representa a la Comedia ligera, de la farsa y, a la derecha podemos ver la representación de la Comedia Seria, del drama, siendo su autor el escultor James Pradier. Ambas musas levantan la vista para mirar al poeta y sostienen unos pergaminos donde se pueden leer el título cada una de las obras de Molière en orden cronológico.

La Fontaine Molière, desde la Rue Molière.

La Fontaine Molière, desde la Rue Richelieu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como curiosidad podemos decir que el lugar en donde se ubica fue ocupado por una fuente conocida como la Fontaine Richelieu hasta 1838, cuando fue demolida debido a que interfería con el flujo de tráfico. Joseph Régnier, un miembro de la Comédie-Française, sugirió una nueva fuente ligeramente más atrás del sitio de la fuente anterior como un monumento al dramaturgo Molière.

Esta fue la primera suscripción pública nacional de Francia para un monumento conmemorativo dedicado a una figura no militar tal como se puede ver en el documento que presentamos más abajo.

Construida en 1844, la fuente fue diseñada por varios escultores, encabezados por el arquitecto Louis Visconti.

La Fontaine Molière, leones y musas para acompañar al genio del teatro.

 

PERO… ¿QUIÉN FUE MOLIÈRE?

Molière, dramaturgo y comediográfo francés creador de obras de teatro tan reconocidas como Tartufo, Don Juan o El burgués gentilhombre, nació bajo el nombre de Jean-Baptiste Poquelin en 1622 en París. Era hijo de un tapicero real y se cree que su afición por el teatro vino por parte de sus tíos, que lo llevaban a ver obras.

Trabajó como tapicero real de Louis XIII, sucediendo a su padre. No obstante, a los 21 años decidió dejar de lado su estatus social y buscar una carrera en los escenarios. Fundó el Ilustre Teatro con Madeleine Béjart, a quien había conocido años antes y de quien se enamoró.

Por aquel entonces comenzó a utilizar el nombre de Molière. Es posible que para evitar la deshonra que podía suponer para su padre tener a un actor en la familia, los cuales en aquel entonces no podían ser enterrados en terreno sagrado. El grupo de teatro entró en bancarrota a los dos años y Molière acabó abandonando París para ser actor durante cinco años.

La figura en bronce de Molière, en actitud reflexiva.

En 1650 volvió a dirigir al grupo de teatro y tuvo la oportunidad de presentar obras ante el rey Louis XIV.  La tragedia le aburrió, pero la farsa le divirtió. El dramaturgo descubrió que tenía más talento para la comedia y así comenzó a aumentar su reputación.

En los años venideros se ganó el favor del rey y Molière, junto a su compañía, fueron instalados en el Palacio Real en 1660. Cuatro años más tarde se le nombró responsable de las diversiones de la corte.

En sus obras, el dramaturgo representaba escenas cómicas costumbristas en las que criticaba algunos aspectos de la sociedad de manera absurda.  En 1664 creó Tartufo, una de sus obras más reconocidas, en la que cargaba contra la  hipocreía religiosa. No obstante ésta fue prohibida durante cinco años por el rey.

Publicación de la suscripción popular para sufragar el Monumento Molière.

Sobre el frontal de la fuente, en este mármol  se dice que fue sufragado por suscripción nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al año, en 1965, creó Don Juan, la historia de un hombre infiel y vividor inspirada en el famoso El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Sus obras tenían un gran éxito y esto provocó que su grupo de teatro se convirtiera en la Compañía Real.

En los años venideros el dramaturgo enfermó de tuberculosis y esto lastró su carrera. Tras el levantamiento de la prohibición sobre Tartufo en 1669, la obra triunfó.

Su vida y obra se verían acabadas cuando estaba representando El enfermo imaginario. Vestía de verde en aquel momento y desde entonces se dice que en Francia trae mala suerte que los actores vistan este color.

A pesar de la prohibición de que los actores fueran enterrado en terreno sagrado de un cementerio, el rey permitió que el REY DEL TEATRO tuviera su entierro en el cementerio de Pére-Lachaise, eso sí, para no ofender a lo sagrado, fue inhumado en la parte de los infantes no bautizados.

Mapa de Situación de la Fontaine Molière, junto al Palacio Real.

Trocadero, el nombre más español de un jardín parisino.

 

Vista de los Jardines de Trocadero desde la Torre Eiffel.

La foto de arriba es, sin duda, una de las imágenes más icónicas de París.

Cuantos visitantes han subido a la Torre Eiffel (y todos los años somos millones) hemos tenido esta inmensa vista que atraviesa el Sena a través del Pont d´Iena, continua por el inmenso jardín verde que acompaña a los chorros de agua de la Fuente de Varsovia, se detiene en el monumental Palais Chaillot que nos acoge con sus dos brazos abiertos y se aleja por el fondo sobre los edificios modernos del Barrio de La Défense. Pues hoy vamos a hablar un poquito de esta zona verde del centro de la fotografía, cuyo punto de atracción es el agua de las fuentes y supone un espacio de ocio para paseantes y sobre todo, para los amantes de los patines, patinetes y skates y que tiene el sugerente nombre de “los Jardines de Trocadero”.

Pero atendamos un momento a una curiosidad que atañe a la nomenclatura de los lugares de París. En muchos casos, los nombres de las cosas hablan de ellas mismas como un libro abierto, por eso es interesante conocer de dónde proviene, a qué hecho se refiere, a qué personaje o lugar perpetúa en la memoria de la ciudad cada uno de los nombres propios de los rincones de esta ciudad.

Y éste no iba a ser un caso distinto: Trocadero, un nombre español. ¿Saben a qué hace referencia? Vamos a viajar en el tiempo a un lugar, Cádiz, a una fecha, 31 de agosto de 1823 y a una batalla, la Batalla de Trocadero entre el victorioso ejército francés y el heroico ejército liberal español. Lo vamos a ver.

Los Jardines de Trocadero vistos desde el Palais Chaillot.

HISTORIA DE UNA BATALLA.

La batalla de Trocadero fue un enfrentamiento  entre  tropas francesas al mando del Duque de Angulema, conocidas con el sobrenombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y el ejército constitucional y liberal español, aquel que defendía al gobierno legítimo instaurado con la reposición de la Constitución de Cádiz de 1812.

Fue el acto final de dicho gobierno, el canto del cisne del Trienio Liberal, durante el cual Fernando VII hubo de jurar la Constitución (“marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional”). La victoria francesa permitió que el rey pudiera salir de la ciudad de Cádiz, en donde se encontraba retenido, para regresar a Madrid como rey absoluto, derogando la Constitución e implantando de nuevo (ya lo había hecho en 1814, cuando Napoleón le permitió regresar a España) su régimen tiránico, retomando de nuevo una feroz represión contra los liberales.

Batalla de Trocadero.

La acción bélica tuvo lugar en El Trocadero, una de las islas que componen la bahía de Cádiz, junto al itsmo de Matagorda  que divide esta en dos. Los españoles construyeron el caño de cortadura, que dividía el itsmo y dificultaba su acceso por tierra.  En la parte más cercana a Cádiz, justo frente a Los puntales, potente batería del puerto gaditano, se encontraba el Fuerte de San Luís o Fort Luis, punto estratégico desde el que los franceses ya bombardearon Cádiz durante la Guerra de la Independencia, en aquella ocasión sin éxito, pues las Cortes reunidas en la Isla de León, en ausencia del rey, proclamaron la primera carta magna de nuestra historia, conocida popularmente con el sobrenombre de “La Pepa”.

En esta ocasión,  casi diez años después, fueron las tropas comandadas por el hijo del rey francés Charles X,  Louis Antoine d’Artois, Duque de Angulema, las que trataron de tomar Cádiz por tierra, comenzando por conquistar el Trocadero, punto estratégico que a buen seguro les permitiría tener el acceso a una Cádiz expedita. Los franceses comenzaron el reconocimiento del terreno a mediados de Julio, mientras los españoles se apostaban raudos a reconstruir las fortificaciones  de Fuerte San Luís y Matagorda, seriamente dañadas desde la anterior contienda.

Plano de Cádiz y la Isla de Trocadero.

Para impedir el avance francés se habían situado en la orilla del canal de la Cortadura, único acceso al istmo, diversos sistemas defensivos que dificultaran un posible avance de la infantería gala, entre ellos diversas líneas de trincheras y montículos dispuestos con artillería.  Sin embargo a finales de agosto los franceses bombardearon las posiciones hispanas, en particular las defensas del Trocadero. La noche del 31 con las bayonetas alzadas y el agua al pecho atravesaron sigilosamente  el canal y accedieron a las primeras líneas de defensa cogiendo por sorpresa a los españoles.

La confusión se adueñó de la posición española y la oscuridad, embarullando unos con otros, provocó un caos que se tornó en tragedia.  El coronel Grases, al mando de la plaza, ordenó la retirada con objeto de recomponer la situación pero entonces los franceses machacaron las enclenques posiciones españolas aprovechándose de las mismas defensas abandonadas, utilizando granadas de mano, aniquilando a la gran mayoría de los que todavía huían. El Fuerte San Luís cayó por la mañana, tras haber perecido muchos en una precipitada  huída hacia Cádiz. Se calcula que los españoles tuvieron alrededor de 300 bajas.  Tomado el fuerte, los franceses procedieron a bombardear Cádiz hasta que esta tuvo que capitular.

Fernando VII engañó nuevamente a los liberales prometiéndoles una paz honrosa que acabó en sangrienta represión una vez que el rey estuvo en la península junto a su primo el Duque de Angulema, jefe del ejército invasor.

Las fuentes y estanques de Trocadero.

La batalla de Trocadero no fue importante a no ser porque los franceses trataron de equipararla a otras de sus grandes victorias históricas con el objetivo de engrandecer  el nombre de su imperio. En realidad no pasó de ser una escaramuza entre regimientos aunque a la postre tuviese un resultado tan negativo para nuestros intereses.

La capitulación de Cádiz significó  diez años más de absolutismo y sufrimiento para el castigado pueblo español. Sin embargo, curiosidades de la historia, la Francia de la Revolución de la libertad homenajea esta victoria que trajo el absolutismo s España con un magnífico espacio verde en pleno corazón de París, los Jardines de Trocadero, unos jardines que pasamos a describir a continuación.

Los Jardines de Trocadero.

LA FUENTE Y LOS JARDINES.

Casi noventa y cuatro mil metros cuadrados es lo que mide el espacio de los Jardines de Trocadero, un espacio verde, lúdico, moderno  y estéticamente agradable que se encuentra al norte del Pont d´Iena y al sur de los dos edificios que conforma el conjunto del Palais Chaillot. Fueron ideados por el Rey Louis XVIII para homenajear a los vencedores de la batalla descrita. En su centro hay un estanque alineado al milímetro con la Torre Eiffel a la que sirve de espejo de plata donde mirarse cada mañana con las primeras luces del sol.

Esculturas de piedra junto a la Fuente de Varsovia.

Aunque los jardines fueron abiertos para embellecer la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1878 (hace ya más de 140 años) no sería hasta la Exposición Universal de 1937 cuando se completó con el enorme caudal de agua que el Ayuntamiento parisino canalizó hasta el lugar. Allí se conformó un espectáculo de una serie de estanques en cascada acompañados de 20 cañones oblicuos de agua que dominan un estanque principal salpicado de 56 chorros verticales de agua. En 1878 se acompañó a estos jardines con un hermoso palacio, el Palacio del Trocadero, de estilo bizantino, que fue también sustituido posteriormente en 1937 por el moderno Palais Chaillot.

Esculturas de piedra en los Jardines del Trocadero.

Alrededor de los estanques, los jardines presentan numerosas obras escultóricas de estilo art déco, como los conjuntos en piedra de Léon-Ernest Drivier y Pierre Poisson, y las estatuas entre las que destacan El hombre, de Pierre Traverse, y La mujer, de Daniel Bacqué. Las fuentes se adornan de esculturas de bronce, como Toro y gamo, de Paul Jouve, o Caballos y perro, de Georges Guyot.

Esculturas en los Jardines de Trocadero. “Caballos y perro”de Georges Guyot, en bronce. “La Mujer”, de Daniel Bacqué, en piedra.

Los jardines de la Plaza Trocadero son de estilo inglés y están poblados por numerosos robles rojos, fresnos, un avellano de Bizancio y su afamada Pterocarya, además de tulipanes americanos.

Pero quizá el mayor de los atractivos de los jardines sea la Fuente Varsovia, diseñada por Roger-Henri Expert, una fuente en la que 20 cañones lanzan chorros de agua, conformando un espectáculo visual muy llamativo.

Así que ya saben, cuando desde la Torre Eiffel observen los Jardines de Trocadero podrán decir que es un pequeño rincón de España en París, aunque sólo sea por el nombre.

Jardines de Trocadero. A la derecha “Toro y gamo”, de Paul Jouve, en bronce.

La columna de la Place Vendôme.

 

Place Vendôme. Columna de Austerlitz.

A principios del siglo XIX el Emperador Napoleón estaba desatado en su afán de conquista por Europa pues sus batallas se contaban por victorias y sus victorias por territorios conquistados. Por aquellos años en Europa existían dos grandes imperios históricos: el austrohúngaro, regido por el Emperador Francisco I,  y el ruso, en manos del Zar Alejandro I; y un imperio incipiente con ganas de expandirse, el napoleónico, nacido de los rescoldos de la Revolución francesa y del ímpetu guerrero de un general francés: Napoleón Bonaparte.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz. Vista desde el Jardín de las Tullerías.

En 1805, en los campos de Austerlitz, a pocos kilómetro de Brno, en la actual República Checa, dos enormes ejércitos se encuentran en el campo de batalla: por un lado Francia y, por otro, Rusia y Austria con el apoyo de Prusia (por eso también a la Batalla de Austerlitz se le llamó la Batalla de los Tres Emperadores). Cuentan los anales de la historia que, bajo el frío de diciembre, Napoleón obtuvo una de las mayores victorias de su carrera militar, siendo considerada ésta como un referente de las grandes batallas de la historia debido a la inteligencia desplegada por Napoleón en el desarrollo de la misma.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz.

Lo que ocurrió después también es historia y ahora no es el momento de relatar el transcurso de la expansión francesa acompañada de los futuros éxitos de Napoleón y su posterior derrota en las llanuras heladas de Rusia pocos años después.

A lo que sí vamos a hacer referencia es a una columna tributaria que el sobrino del Petit Emperador, Napoleón III (Carlos Luís Napoleón Bonaparte, fue el único presidente de la Segunda República Francesa, 1848-1852, y, posteriormente, emperador de los franceses entre 1852 y 1870 con el nombre de Napoleón III, siendo el último monarca de Francia), mandó erigir para celebrar la famosa victoria.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz.

En el centro de la Place Vendôme (posiblemente la plaza más “ROYAL” de París, la más exclusiva y una de las más elegantes que podemos ver) está situada la Columna coronada por la estatua del propio emperador. Allí está situado el célebre Hotel Ritz y en los locales comerciales de la plaza se encuentran las más acreditadas marcas de joyas del mundo, entre ellas Cartier (situada en el número 23) quien tomó la forma geométrica de la plaza para diseñar su más conocido y vendido modelo de reloj de pulsera.

La Columna es conocida por el sobrenombre de Columna de Austerlitz, aunque el pueblo la conoce como la Columna Vendôme, pero lo que no todos conocen es que su nombre real es Columna de la Grande Armée en honor al ejército de Napoleón que llevaba ese sobrenombre.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz.

La columna tiene una altura de  44 metros y treinta centímetros y, en su parte más ancha de la base, mide tres metros y sesenta centímetros. La base es cuadrada y está realizada en granito pórfido proveniente de Córcega, la tierra natal del Emperador.

Sobre ella aparece la basa de la columna, de forma circular. La columna propiamente dicha nace a continuación siendo su forma cilíndrica. A lo largo de misma, se relata (imitando a la célebre Columna Trajana de Roma que describe la Conquista de la Dacia por el Emperador Trajano) la victoria del Emperador sobre la Coalición Austro-rusa en Austerlitz. Son 425 placas de bronce fundido que, según cuenta la leyenda, provienen de los cañones austriacos y rusos requisados en la batalla.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz. Estatua de Napoleón.

Finalmente en la parte superior de la columna se abre un balcón que la rodea y que sostiene una pequeña cúpula sobre la que descansa la figura de Napoleón vestido al modo de los emperadores romanos y dotado de sus elementos característicos: espada, victoria alada y corona de laureles, además del abrigo corto. Esta estatua fue realizada por el artista Auguste Dumont al estilo del Segundo Imperio francés.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz. Relieve de la Batalla de Austerlitz.

Debido al ingente trabajo decorativo, en el desarrollo artístico de los relieves bélicos intervinieron varios artistas, entre ellos Jean-Joseph Foucou (quien fue autor de seis bajorrelieves), Louis Boizot, Bosio, Lorenzo Bartolini, Claude Ramey, Corbet y Ruxthiel.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz. Inscripción sobre la puerta de entrada.

En el interior existe una escalera que permite alcanzar el balcón superior. Antes, sobre la puerta de entrada hay una inscripción latina que dice lo siguiente:

NEAPOLIO IMP AVG
MONVMENTVM BELLI GERMANICI
ANNO MDCCCV
TRIMESTRI SPATIO DVCTV SVO PROFLIGATI
EX AERE CAPTO
GLORIAE EXERCITVS MAXIMI DICAVIT

La traducción viene a decir lo siguiente: “Napoleón Emperador Augusto dedicó a la gloria del Gran Ejército esta columna formada con el bronce tomado al enemigo durante la guerra de Alemania, ganada bajo sus órdenes en 1805 en el espacio de tres meses”.

Place Vendôme. Columna de Austerlitz. La Comuna de París derriba la Columna.

Pero la historia de la Columna fue de todo menos pacífica. Tras la caída de Napoleón III y la llegada de la célebre Comuna de París (de 18 de marzo a 28 de mayo de 1871) y la corriente antimilitar, esta columna fue derribada porque se le consideró un ejemplo de monumento a la barbarie. El principal incitador de este derrumbe de la columna fue el pintor Gustave Courbert.

Cuando la Comuna desapareció y llegó la Tercera República, el General McMahon ordenó de nuevo levantarla y así la Columna Vendôme fue de nuevo erigida siendo Gustave Courbert  condenado a años de cárcel y a sufragar todos los gastos de la restauración y la reconstrucción de la Columna de la Place Vendôme, lo que le llevó a la ruina.

El Batobus, viajando sobre el Sena.

 

El mapa del recorrido del Batobus con sus paradas.

El hotel que me sirvió de base para mi último viaje a París fue el Hotel Saint Christophe en la Rue Lacepede, del que hablaré en breve. Teniendo en cuenta esta localización (al este del Barrio Latino, a escasos trescientos metros del Sena) decidí que era el momento de probar uno de los medios de transporte menos conocidos de París: el Batobus.

Todos hemos probado el metro, el autobús de línea e, incluso, nos es familiar hacer excursiones por el Sena en Compañías como Bateaux Mouches o Bateaux Parisiens, pero algunos menos hemos utilizado el Batobus para agilizar nuestras visitas a la ciudad.

Uno de los célebres barcos que surcan el Sena.

El Batobus, para quien no lo conozca, es un transporte fluvial a través del Sena que funciona como una línea de metro. Te puedes bajar en una parada y, con el mismo ticket, te puedes subir en otra cualquiera o en la misma unas horas más tarde. A lo largo de una jornada puedes tomar uno de los varios batobus que circulan por el río todas las veces que quieras.

Tiene sus ventajas porque, además de disfrutar de un pasaje realmente agradable sobre las aguas, generalmente, en calma del Sena, las vistas son extraordinarias, desde la Torre Eiffel, que es donde tienen el inicio del itinerario, al Pont d´Austelizt, punto final del trayecto, junto al Jardin des Plantes.

El ticket de entrada al Batobus. Debe ser conservado para utilizarlo en varias ocasiones.

El itinerario tiene ocho paradas obligatorias, cinco en la orilla izquierda (sur) y tres en la orilla derecha (norte).

Éste itinerario comienza en la Torre Eiffel (Quai Branly); la segunda parada es el Museo de Orsay (Quai Anatole); la tercera en Saint Germain se produce justo delante del Institut de France (Quai Malaquais); la cuarta parada es frente al rosetón sur de la Catedral de Notre Dame, entre el Pont au Double y el Pont de l´Archevêché; la quinta se produce en el Jardin Tino Rossi, antes de alcanzar el Pont d´Austerlizt y enfrente de la entrada al Port del Arsenal. Estos son las cinco paradas en la orilla izquierda.

En la orilla derecha, una vez que el barco ha salido del Pont d´Austerlizt y rodea la Isla de Saint Louis y la Isla de la Ciudad tiene su sexta parada en el Quai de l´Hotel de Ville, al lado del edificio del Ayuntamiento: la siguiente es pasada la Pasarelle des Arts y el Pont du Carrousel, en el Quai du Louvre; la última de todas antes de volver a la Torre Eiffel está situada unos metros antes de llegar hasta el Pont Alexandre III, cerca del Gran Palais.

El Batobus permite hacer las mejores fotos desde el Sena.

Dependiendo de la época del año el horario varía. Así, en invierno (de Septiembre a Marzo) es más corto y va desde las diez de la mañana hasta las siete de la tarde con una frecuencia de unos veinticinco minutos.
En verano (de abril a Agosto) el horario se alarga hasta las nueve y media de la noche con una frecuencia de veinte minutos.

El coste del ticket diario es de 17 euros (8 euros los menores de 16 años) aunque hay ofertas para familias.
El pasaje para dos días consecutivos es de 19 euros (10 euros los pequeños) y el Ticket anual es de 60 euros. Precios actualizados al año 2013.

Toda la información adicional que preciséis podéis encontrarla en http://www.batobus.com/

Pase familiar para un día.

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Cuando las gárgolas lloran…

Lunes Santo. 15 de abril de 2019.

#DíaMundialDelArte. #567AniversarioNacimientoLeonardoDaVinci.

Las gárgolas y quimeras de Notre Dame observando la aguja que construyó Viollet-le-Duc.

“Cuando las gárgolas lloran”, no se me ocurre un titular más descriptivo para dar cuenta del estado de tristeza, de pena y dolor interior que muchos sufrimos ante la destrucción de una parte importante de la Catedral de Notre Dame de París.

Lunes Santo de 2019. La Catedral de Notre Dame de París se incendia.

Nuestra Señora de París es un emblema de Francia, es posiblemente el centro religioso más importante del país vecino y supone también un punto de referencia para todos los cristianos que visitamos la ciudad y un enorme tesoro artístico e histórico para todos los que se acercan a ella con la mirada de un humanista que quiere disfrutar de aquello que nuestros antepasados fueron capaces de hacer en el siglo XII en este lugar de la Île de la Cité.

Lunes Santo de 2019. La aguja de la Catedral de Notre Dame cae tras ser devorada por el fuego.

Ver las llamas sobresalir por encima del tejado de plomo de la catedral no puede sino conmover el corazón de todos los que sentimos que con ellas se nos va algo importante de la historia de la humanidad.

Una historia de más de 850 años (1163-2013, los cumplió hace seis años) que alumbró la literatura, la pintura, el cine y que fue testigo directo de acontecimientos tan importantes como la Revolución francesa de 1789 o la posterior coronación de Napoleón como emperador.

Una historia que puede haberse ido en las pocas horas que el fuego voraz consumió la madera que los arquitectos góticos colocaron para sustentar el techo a dos aguas del edificio.

El techo de Notre Dame cayó hacia el interior de la nave principal.

Con el incendio se ha ido posiblemente la parte más llamativa de su perfil longitudinal, la aguja que se instaló sobre el crucero y que llegaba a alcanzar los 93 metros de altura. Viollet-le-Duc creó allí una estilizada masa de madera y plomo que pesaba alrededor de 500 toneladas. A su alrededor colocó las estatuas de bronce de los apóstoles y los símbolos de los evangelistas y coronó la aguja con un gallo.

El tejado de Notre Dame tal como era, con el Arcángel Gabriel en primer plano y con la aguja y las estatuas de bronce más atrás.

La aguja no ha podido sobrevivir al incendio debido a su propia composición fácilmente inflamable. El gallo ha aparecido entre los rescoldos de la madera y el plomo y con él se salvaron las tres reliquias que albergaba en su interior: una espina de la corona de Jesús, una reliquia de Saint Denis y otra reliquia de Sainte Geneviève, los dos patrones de la ciudad de París. También se han salvado las estatuas de bronce de los apóstoles y los evangelistas que habían sido retiradas para su restauración hace unos días.

Altar de Notre Dame que prácticamente no ha sido afectado porque el techo que lo cubría aguantó la embestida del fuego.

Pero no todo tiene que ser negativo en estas circunstancias. El Presidente Macron ya ha puesto en marcha una acción para devolver a Notre Dame la belleza de la que presumía. Seguro que será una tarea ardua, difícil y repleta de problemas y sinsabores, pero la respuesta internacional acompañará a los franceses para conseguir este fin.

Así quedó el interior de Notre Dame tras el incendio. Cedió dos terceras partes de la bóveda y el crucero. En el suelo se puede ver la madera carbonizada, las piedras y el plomo del tejado derretido. Al fondo se distingue la cruz dorada y la Piedad sus pies.

Afortunadamente no tenemos que llorar pérdidas humanas. Cuando se evalúen, poco me equivocaré si afirmo que las pérdidas materiales serán cuantiosas y, muchas de ellas irremplazables por su valor histórico o artístico. Es algo en lo que ya no podemos hacer nada. Ahora sólo queda esperar y valorar cada uno de nosotros la forma colaborar para que Notre Dame vuelva a tener el esplendor que el fuego nos ha robado.

Interior de la Catedral de Notre Dame.

¿Qué ver en el Barrio Latino de París? (7). Del Pont de la Tournelle al Jardin Tino Rossi.

 

Vistas del Quai Saint-Bernad, desde la torre sur de la Catedral de Notre Dame.

Una vez finalizada la ruta por el interior del Quartier Latin, paseando entre museos, universidades, iglesias, mezquitas, plazas, jardines y callejuelas típicas del barrio proponemos una ruta pequeña y alternativa que bordea al Sena por la orilla izquierda. Como punto de partida tomaremos el Pont de la Tournelle, continuaremos por el Instituto del Mundo Árabe y recorreremos el Jardin Tino Rossi, un museo de arte moderno al aire libre.

Ruta 6. De Pont de la Tournelle a Jardin Tino Rossi.

 

24.- PONT DE LA TOURNELLE.

El Pont de la Tournelle es fácil de identificar pues en uno de los pilares de la bancada de la orilla sur se halla una enorme y delgadísima estatua de Santa Genoveva. Sus catorce metros de altura llaman la atención y es lugar de devoción de muchos parisinos que vienen a mostrarle sus respetos a la patrona de París a este lugar.

Su historia es larga ya que viene de un antiguo puente de madera medieval que estaba situado junto a una de las pequeñas torres (tournelle) de la antigua muralla. La pueden leer aquí.

Santa Genoveva, en el Pont de la Tournelle.

 

25.- EL INSTITUTO DEL MUNDO ÁRABE.

El magnífico del Instituto del Mundo Árabe está situado en la Rue des Fossés Saint-Bernard y tiene un vista espectacular desde el mismo Sena.

El Instituto del Mundo Árabe, construido en París el año 1987, diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel, es el que llevó a la fama a este renombrado arquitecto, ganador del premio Pritzker en el año 2008. Este edificio, característico de la arquitectura moderna, por el uso de la tecnología en su fachada para el control de la entrada de la luz natural y además por los simbolismos del mundo musulmán, se encuentra en un terreno muy irregular, al lado del río Sena, en un área tradicionalmente ocupada por musulmanes siglos atrás.

El diseño del edificio limita la exposición al exterior y  apuesta por la transparencia de la arquitectura árabe con una propuesta tecnológica muy interesante de ver lo que permite que el interior goce de un espectacular manejo de la luz. La fachada es una pasada, está compuesta de 240 paneles cuadrados que agrupan pequeños elementos mecánicos de acero que, conectados a sensores fotosensibles, se abren y se cierran de acuerdo a la intensidad de la luz del sol.

El edificio es una auténtica maravilla.

Instituto del Mundo Árabe de París.

 

26.- EL JARDIN TINO ROSSI.

El Jardin Tino Rossi tiene una superficie de 31.612 metros cuadrados y es un museo al aire libre en el que se instalaron cincuenta esculturas de artistas tan reconocidos como Guy de Rougemont, Albert Ferau, Stephen Martin, Liuba, Marta Colvin, Nicolas Schöfer, Alexander Archipenko, Jean Arp, Cesar Baldaccini o Constantin Brâncuçi.

Está situado junto al Sena, en el Quai Saint Bernard, se extiende por casi un kilómetro y en su extremo este tiene una parada, la última, el Batobus.

Es uno de los lugares más divertidos de París. Aquí os lo explico más extensamente.

Jardin Tino Rossi.

Y aquí finaliza nuestra gran ruta por el Quartier Latin.

Podíamos haber ampliado aún más el recorrido para visitar, por ejemplo, la espaciosa y neoclásica Iglesia de Saint-Nicolas-du-Chardonnet (Rue des Bernardins), o la coqueta y escondida Iglesia ortodoxa de Saint Ephrem le Siriaque (Rue des Écoles) o la pequeña pero bella e histórica Fontaine de Childeberto (en la Square Paul Langevin, esquina de Rue Des Écoles con Rue Monge) sin embargo haríamos una ruta interminable.

Ya de por sí es verdaderamente larga y completa, si ustedes disponen de tiempo y sus inquietudes les lleva en busca de estos rincones menos visitados les recomiendo que paseen y se pierdan por las calles del Quartier Latin. Evite las grandes avenidas y disfrute del autentico sentir parisino de este barrio en las pequeñas y estrechas callejuelas que lo adornan.