El Café de Flore, un mito en Saint Germain.

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Es un clásico de la capital francesa. ¿Quién, habiendo pisado suelo parisino, no ha oído, al menos, hablar de este famosísimo café?

El “Café de Flore” (sí, se escribe “café”, en español) y su gran rival, “Les deux Magots”, son los establecimientos más célebres del Boulevard Saint Germain. Ambos están situados a pocos pasos de la iglesia más antigua de París: la Iglesia de Saint Germain des Pres.

En el 172 del citado boulevard podemos ver, sobre la barandilla del primer piso, una cantidad ingente de plantas y flores, algo que verdaderamente llama la atención. En el bajo del mismo podemos visitar este café cuya loneta sobre su puerta principal te anuncia el nombre del establecimiento con grandes letras.

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¿Y qué dice la leyenda de la intelectualidad del Café de Flore?

La leyenda dice que como su famoso rival “Les Deux Magots”, el “Café de Flore” puede reclamar haber estado en el corazón del Movimiento Existencialista durante su periodo más incipiente de mitad del siglo XX. Sartre, Simone de Beauvoir, Camus y otros solían encontrarse con regularidad en sus mesas.

Por estar situado en el intelectual barrio de Saint Germain-des-Prés, cuna del existencialismo, al atravesar su umbral se puede percibir un perfume que mezcla la filosofía y personalidad que se encargó de impregnar Simone de Beauvoir, eterna compañera de Jean-Paul Sartre.

Junto a lo que ellos llamaban su “familia” se criaron entre risas, cigarrillos y café, una de las corrientes filosóficas más importantes de nuestro siglo.

El Café de Flore fue tal vez el más mítico de todos los cafés de la década de los 50 en un París revolucionado y rebelde, aunque no fue el único.

También dice la leyenda que de aquí nació una de las más célebres características de todos los cafés de esta época: un color común y muy significativo, el Rojo Carmesí. Este color será a partir de ahora la columna vertebral que unirá a estos locales con esta época.

¿Por qué este color? Simplemente por sus significados: Rojo Carmesí, Rojo Pasión, París ciudad de la pasión eterna y única. Rojo Revolucionario, Izquierda auténtica. Sangre, Existencia: Vida.

Se cuenta también que otros artistas como Modigliani, Picasso y Soutine solían visitarlo con bastante regularidad. El caso de Picasso era un poco particular. Por la noche, Picasso se sentaba siempre en la segunda mesa, frente a la entrada principal, en compañía de sus amigos españoles. No hacía nada sino beber, a sorbitos, una botella de agua mineral, además de charlar con sus amigos y estudiar a la gente que no lo miraba directamente. Su bebida terminada, sin más, volvía siempre a casa.

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Pero la realidad, la verdadera historia, dista cierta distancia de esta leyenda intelectual que hemos reflejado en estos párrafos anteriores. Aún manteniendo que muchos artistas fueron visitantes del Café de Flore, la rivalidad feroz con Les Deux Magots, llevó a ambos cafés a diferenciarse en todos los aspectos, incluso en los más radicales.

En los años cuarenta la llegada del existencialismo igualó las visitas a ambos establecimientos. El Café de Flore estaba asociado popularmente a la extrema derecha, el otro, a la izquierda.

Por ello, cuando Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir llegaron a Saint-Germain-des-Prés, no tuvieron dudas y huyeron como de la peste del Café de Flore, que era el cuartel general de Charles Maurras, fundador de Acción Francesa. Sin embargo, la presencia de la pareja durante unos meses atrajo a una amplia multitud de turistas y los dos intelectuales prefirieron cruzar la carretera y no volver nunca más, aunque su decisión logró abarrotar ambos locales.

Esta fama adquirida en los años cincuenta hizo que el interior del café se mantenga casi intacto desde entonces. Está decorado en Art Decó. Los asientos siguen siendo de color rojo y los muebles y espejos son de caoba, una madera muy noble.

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En el exterior, los veladores y sillas son de una calidad menor, más común, preparados para soportar cambios de temperatura y el agua de la lluvia.

Una curiosidad, ¿piensan Ustedes que el nombre del café viene dado por las plantas y flores que están en su fachada? Es muy posible que así sea, de hecho es lo que yo pensaba hasta que di con la verdadera razón.

Pero la respuesta es que no. Dice la historia que el nombre nace porque muy cerca de allí, en una plazoleta, hay una pequeña estatua dedicada a la “Diosa Romana Flora” y el propietario del café le puso el nombre en honor a esta estatua. El “Café de Flore” es, por tanto, el café de la Diosa Flora.

No he logrado nunca saber dónde estaba esa estatua, pero muy cerca del Café de Flore hay una fuente ciertamente llamativa que pudiera serlo. Pero de ella hablaré mañana.

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