“Altitude 95”. Cocina francesa en el cielo de París.

 

En el año 2003, mi empresa, de la que yo era responsable y en la que trabajaba en aquellos momentos, cumplía 10 años de existencia . Entonces, la crisis financiero-económica actual no se atisbaba en el horizonte ni de lejos.

Así que ni corto ni perezoso, como plus de motivación al personal de la misma, decidimos realizar un viaje a París con todos los empleados de la empresa (y sus parejas, el que la quisiera llevar) para celebrar tal acontecimiento.

Estudiamos las posibilidades y nos planteamos unos objetivos que cumplir para poder financiar este viaje a la capital de Francia.

Claro está que todos nosotros pusimos el máximo interés en cumplir los objetivos fijados para la empresa. Esa era la condición para poder llevarlo a cabo y todos queríamos hacerlo. Personalmente, me propuse la obligación de organizar el viaje, previendo unas 60 personas aproximadamente, hacia el final del año. Hubo algunas bajas en la fecha de salida, en general, por miedo a volar.

El avión partía un domingo de Diciembre a las nueve de la mañana desde Sevilla-San Pablo en un vuelo de Iberia con rumbo a París-Orly, donde aterrizó dos horas y cuarto después con un sol espléndido y una temperatura muy agradable.

De allí nos recogió un autobús y nos dirigimos al Barrio de la Ópera donde tendríamos, durante los próximos cuatro días, nuestro cuartel general. 

Acomodados en el hotel, el siguiente punto era ir a realizar nuestro primer almuerzo parisino. Teniendo en cuenta que ninguno de los viajeros-compañeros conocía París, mi intención era que cada momento que pasaran en la Ciudad de la Luz fuese “para recordar”.

¿Dónde podríamos ir a almorzar que, a su vez, fuese un sitio “diferente”?.

Nos salían cuatro opciones, digamos “espectaculares”: Maxim´s, por su fama; La Tour d´Argent por su cocina y sus vistas al Sena; una comida en Bateaux disfrutando de los puentes de París; o un restaurante de la Torre Eiffel.

El primero y el segundo fueron desechados de inmediato, por sus precios y porque no son restaurantes donde llevar a 60 personas con ganas de jaleo y diversión. El tercer restaurante era posible, pero decidimos programar un crucero por el Sena el último día por la mañana. Así que la decisión resulto fácil tomarla: el almuerzo, a las dos de la tarde, sería en la Torre Eiffel.

En la Torre Eiffel existían, entonces, era el año 2003, dos restaurantes: el “Altitude 95” (no lo busquen en las guías pues ya no existe con este nombre), en la primera planta, y el “Jules Verne”, en la segunda. Negociamos con ambos y finalmente nos decidimos por el primero.
Como indica su nombre, Altitude 95 refleja la altura a la que está situado el restaurante, aunque nunca me ha quedado claro si es la altura sobre la base de la Torre Eiffel o la altura sobre el nivel del mar. Quizá deba volver y preguntarle al Chef.

Como éramos muchos nos instalaron en unas mesas alargadas donde podíamos sentarnos de doce en doce. Las vistas hubieran sido extraordinarias… si nos hubieran colocado en el otro lado del restaurante.

Desgraciadamente el sentido de nuestra vista era hacia el interior de la Torre. Nuestra visión era hacia el Campo de Marte y hacia la enorme fila de visitantes que querían adquirir los tickets de subida.

Hacia el otro lado teníamos una vista fabulosa, el Sena en primer plano, los Jardines y el Palacio de Trocadero, la Isla de los Cisnes a la izquierda o el Hospital de los Inválidos a la derecha. Montmartre, con la Basílica del Sagrado Corazón se apuntaba a lo lejos como una mota de mármol blanco sobre la colina.

El restaurante estaba decorado como el interior de un “antiguo dirigible”, en dos plantas, la inferior para tomar copas o un refrigerio ligerito, y la superior para poder sentarse a disfrutar de los manjares de la cocina gala.

La cocina era de tipo regionalista francesa, verduras, salsas, asados, foies …, no estaba mal, pero no era lo principal en aquel momento. Allí disfrutábamos del ambiente festivo del grupo, de las vistas, de la compañía de tus amigos y de la ilusión de cuatro días en París para olvidarnos de nuestros problemas cotidianos.

Desde entonces, año 2003, no he vuelto al Altitude 95, aunque me temo que ya no podré hacerlo.

En la página web de los restaurantes de la Torre Eiffel (desde donde se pueden hacer las reservas) ya no hablan de él, ahora existe un nuevo y reformado restaurante llamado “58 Tour Eiffel”.

Quizá me estoy haciendo viejo y echo de menos lugares que visité en otros momentos. Quizá el recuerdo sea por la compañía y la excepcionalidad de las circunstancias.

O quizá sea el momento de mirar al futuro y plantearse una nueva visita para disfrutar París desde las alturas con un exquisito “Magret de canard au sautoir”, del “59 Tour Eiffel” y un suave borgoña en la mesa. Quizá…

¿Alguien se apunta?.

Altitude 95

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