Los Puentes de París (12): El Pont de la Concorde.

Dicen de él que es el puente de París que más tráfico rodado soporta a lo largo del día. Su céntrica ubicación así lo demanda.

Al norte, la Plaza de la Concorde, Rue Royale, la Iglesia de la Madeleine, los Campos Elíseos, el Jardín de las Tullerías y los mejores boulevares de esta zona. Al sur, el Palacio Bourbon, o sea, la Asamblea Nacional, el Barrio Latino y el Barrio de Luxemburgo.

Una arteria une estas dos zonas de París. Y esta arteria que cruza el Río Sena es el Pont de la Concorde.

Su historia comienza a principios del siglo XVIII, cuando se hacen los primeros movimientos políticos de crear un paso entre la Plaza de la Concorde y la orilla izquierda del río. Pero no sería hasta la Revolución francesa cuando se llevara a cabo el proyecto. De hecho, está comprobado que las piedras que forman el puente no vinieron de ninguna cantera en esa época, más bien ya llevaban siglos en la ciudad de París. 

La cárcel-arsenal de la Bastilla fue destruida, y sus materiales de construcción se dispersaron por todo París para levantar maravillas de arquitectura e ingeniería como el Pont de la Concorde.

Fueron necesario cuatro años para su construcción. Los trabajos se finalizaron en 1791 y al puente se le dio el nombre de Pont de Louis XVI.

Napoleón, conociendo la importancia de este puente por su ubicación frente al Parlamento, decidió embellecerlo con las estatuas de ocho de sus generales muertos en batalla.

Estas estatuas que permanecieron allí hasta el periodo de la Restauración, momento en que se sustituyeron por otras doce estatuas de mármol blanco: cuatro generales, cuatro marinos y cuatro políticos (el Cardenal Richelieu, el Ministro de Finanzas Colbert, Sully y Suger).

Tras Napoleón, el nombre del puente cambió por el de Puente de la Revolución, nombre que duró poco, porque el Rey Louis Philippe I le dio el definitivo de Pont de la Concorde.

Este rey ordenó, además, eliminar las estatuas del puente porque dañaban las bases por el excesivo peso de éstas. Su destino final fue el Palacio de Versalles que tampoco es mal sitio para perpetuarse para la eternidad.

Con la llegada del siglo XX y tras el éxito de la revolución industrial en Europa, los vehículos invaden las avenidas de París. Es por esto que en 1932 el volumen de tráfico que trasiega por el puente obligó a ensancharlo hasta alcanzar los treinta y cuatro metros que tiene en la actualidad (en la foto de abajo podemos ver el ensanche de uno de los laterales del pilar del puente).

Actualmente es paso obligado del Presidente de la República en su camino del Palacio del Elíseo a la Asamblea Nacional.

Igualmente, el resto de la clase política asume su presencia como elemento de unión entre las dos partes de esta gran ciudad, el norte y el sur, la derecha y la izquierda, que, a su vez, son dos formas de ver la vida.

 

 

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