La casa de Gilles de L´Épes.

Rue Saint Louis en l´Île, la calle principal de la isla que la recorre de un extremo a otro por el centro de la misma.

En la última ocasión que estuve en París, tras recorrer detenidamente la Catedral de Notre Dame y la plaza de Jean XXIII, me propuse adentrarme, por primera vez, en las calles de la estrecha y, para mí,  poco conocida Île de Saint Louis.

Un café au lait en la Brasserie de l´Isle Saint-Louis y mi cuaderno Moleskine.

Atravesando el puente que lleva el nombre del mismo santo, me senté en una de las redondas y pequeñas mesas en la terraza exterior de la Brasserie de l´Isle Saint Louis para saborear un café con leche que apaciguara mi sensación de frío en aquella tarde gélida, a veces soleada y a veces ventosa, de la primavera parisina.

La confluencia de la Rue Saint Louis en l´Île con la Rue Jean du Bellay.

A pocas mesas de la mía una pareja de asiáticos manifestaban su amor con suaves caricias y eternas sonrisas, siempre dentro de lo recatados que son en público los asiáticos y dos pares de amigos presenciaban, desde la primera fila, el discurrir de la vida por este rincón isleño. Al fondo, como sobrevolando el plumboso cielo parisino, podía ver la cúpula del Pantheon, erguida majestuosa entre tejados grises y rojos. 

Vista del Pont Saint Louis y de la cúpula del Pantheon desde la Brasserie de l´Isle Saint Louis.

Mi afán era pasear por la isla, conocer el célebre establecimiento de los helados (glacier) Berthillon y hacer una visita a la Iglesia de Saint Louis en l´Île. Creyendo que con esto sería suficiente, pagué mi café, recogí mi cámara y comencé a cruzar la Rue Jean du Bellay en dirección a la Rue Saint Louis en l´Île.

Casa del maestro cerrajero Gilles de L´Épes.

El establecimiento Berthillon está en la acera derecha según se entra en la calle a un centenar de metros de su inicio, pero realmente, en casi todos los establecimientos de restauración de la calle se publicita que tienen en su carta de menú a los célebres helados Berthillon.

Continuando por la calle, más adelante se encuentra la iglesia que iba buscando, pero cuál no fue mi sorpresa que, en el número 25, y unos metros antes de llegar al edifico religioso nos encontramos con un inmueble que llama la atención por sus vigas exteriores de madera ya horadada por las inclemencias del tiempo.

Placa situada en la fachada del edificio recordando la antigüedad del mismo.

Una placa lo identificaba. Allí había tenido su taller el maestro cerrajero Gilles de L´Épes y la casa se había construido en el año 1645. Más de tres siglos y medio ha sobrevivido en este enclave parisino.

Al parecer este señor fue uno de los muchos cerrajeros que instalaron sus talleres en la Isla de Saint Louis, donde incluso llegaron a constituir una hermandad sectorial, la Hermandad de San Eloy.

Su testimonio se remonta al siglo XII, pero no sería hasta el siglo XIV, con el Rey Carlos VI en 1411, cuando se promulgaran los primeros estatutos de la profesión y en 1652 con el Rey Louis XIV cuando se renovaran.

La profesión de cerrajero, al principio englobaba todo lo que hoy entendemos  por esto más las labores de herrero, fraguador y artista del metal. Con el tiempo los conflictos con los propios herreros delimitaron sus funciones y se centraron en crear llaves, cerrojos, cajas fuertes, mesas blindadas, baúles de transporte, candados, bisagras y todo tipo elementos dirigidos a la protección de las personas y los bienes.

Con la llegada del renacimiento, el oficio de cerrajero creció en todos los aspectos porque a los nuevos inventos de la época se le unieron los diseños más artísticos que las nuevas técnicas de construcción aportaban.

La casa de Gilles de L´Épes, en el número 25 de la calle, junto a la Iglesia de Saint Louis en l´Île.

Como podemos ver en la foto de arriba, la casa de Gilles de L´Épes es un bloque de viviendas en el que en la parte baja hay un local comercial abandonado. Fue la sede de la “Librairie Paris et son patrimoine”.

 

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