Un fantasma bajo la niebla.

 

La niebla cubriendo la parte superior de la Torre Eiffel en una fría mañana del año 2005.

Lo reconozco, esta pieza monumental es una de mis debilidades, la Torre Eiffel esta omnipresente en nuestro itinerario parisino, la Torre Eiffel despliega su belleza desde todos los puntos de vista y desde todos lo ángulos de París.
Su porte erecto y grácil me recuerda al de una “bailaora” cuando planta sus tacones en el escenario, levanta uno de sus brazos y, con el otro, ventea su traje de cola desplegando sus volantes como si quisiera arrancarlos de un solo movimiento.
Anclada en el suelo sí, pero, a su vez, zalamera, presumiendo de sus hechuras y pregonando a los cuatro vientos de París que la Reina, con mayúsculas, es ella, la más grande y la más hermosa. Y eso no se puede discutir.

Cuando las nubes bajan para recoger el frío metal de la torre con su manto blanco.

Cuando el sol brilla, la Torre Eiffel, nuestra torre, luce palmito por sus cuatro costados reflejando cada halo de luz en su férrea estructura. Al caer la noche, al son de las luciérnagas relampagueantes que se disparan a cada hora en punto, la figura de la torre se transforma, se viste de gala, se va de fiesta, traje negro con lentejuelas para deslizarse al son de un baile de salón junto al Río Sena. Juntos ya para siempre. Así desde el primer día.

Telemetro.com nos muestra imagen de la Torre Eiffel sobresaliendo por encima de las nubes bajas de este día 9 de noviembre de 2012.

Pero ella, juguetona, en alguna mañana de invierno, se hace la remolona, invitándonos a no despertarla y continuar con su cálido sueño acunada sobre las nubes de algodón que la arropan con sus sábanas blancas. Son los días de niebla.
Y, créanme, lo puedo asegurar, es de las estampas más maravillosas que podemos disfrutar de la Torre Eiffel.

Yo tuve esa suerte la última vez que fui a visitarla. Lógicamente no pude subir a su cima para regalarle al oído algún poema de amor, pero desde abajo disfruté de un paseo fluvial por el Sena mientras miraba su esbelta figura sin saber si se hacía la dormida o si quería jugar a los fantasmas.

Una foto de la Torre Eiffel semiescondida. (albertomartinez.com)

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