El Obelisco de Ramsés II.

 

El Obelisco de noche, con el Arco del Triunfo al fondo de los Campos Elíseos.

“Un pedacito de Egipto en Francia”, eso es lo que debía pensar Champollion cuando negociaba con el Valí (Gobernador) de Egipto, Mehemet Ali, transportar este obelisco desde el desierto egipcio hasta el centro de Europa.

Dice la leyenda que fue en 1830 cuando dicho gobernador autorizó el traslado de esta mole de piedra desde Luxor hasta París. A cambio, como regalo por su magnanimidad, recibió un reloj que, se dice, nunca funcionó. Pero la historia real es diferente. Cuenta ésta que, en 1829, mientras se encontraba en Egipto, Champollion tuvo noticias de que los ingleses querian comprar varios obeliscos al todopoderoso Señor de Egipto, durante la ocupacion Turca, Mehemet-Ali. Como estudioso de la cultura egipcia, Champollion estaba enamorado de todo lo que olía a jeroglífico por lo que pidió a su país un esfuerzo para realizar ellos la compra. El egiptólogo Champollion, por unos meses, se transformo en hombre de negocios. Entre ambos gobiernos iniciaron las conversaciones para la rápida compraventa.

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Su misión era salvar, al menos, uno de los obeliscos del Templo de Luxor, que consideraba como un obra maestra amenazada de destruccion.
Champollion propuso, tras consultas con el gobierno, comprarlo al pueblo egipcio por la suma de 300.000 francos.

El Obelisco en la Plaza de la Concordia, justo delante de la noria panorámica.

Levantar un monumento semejante en la capital de Francia se correspondía con el deseo manifestado hace años por el Emperador Napoleón y este deseo era conforme al honor nacional de Francia, según éste. En esta ocasión fueron los reyes Carlos X y Louis Philippe I los que accedieron a su compra y a su colocación en el lugar actual.

Las arcas del imperio estaban repletas de oro y la Francia de 1830 se consideraba a sí misma digna de poseer iconos de otro gran imperio, el egipcio. Para el traslado del obelisco se construyo un barco especial, el “Luxor”, que partió de Toulon, en Francia, en búsqueda del obelisco en abril de 1831, para remontar el Nilo en agosto del mismo año. El monolito fue subido al barco en diciembre y descendió el Nilo en agosto de 1832. De vuelta a Toulon, el barco pudo remontar el Sena llegando a Paris en mayo de 1834.

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Descendido del barco, fue tendido en la Rue Cours Albert I hasta finalizar el acondicionamiento de su definitivo emplazamiento. Curiosamente Champollion murió en marzo de 1832 y no pudo ver la partida del monumento hacia su tierra.

Las maniobras de su levantamiento no fueron realizadas hasta el 22 de Octubre de 1836, es decir, cinco años y siete meses después de que el barco que iba en su busqueda partiera de Francia en busca de la gran piedra monolítica.
El Obelisco que ocupa el centro de la Place de la Concorde es el hermano gemelo de otro que está en la fachada del Templo de Luxor, mide veintidos metros y ochenta y dos centímetros de altura (ojo, sin medir la base y la pequeña pirámide de oro superior que se añadieron posteriormente) y se dice que su peso es, aproximadamente, de doscientas veintisiete toneladas. Esta realizado en granito rosa de Asuán.

En la base del obelisco se realizaron inscripciones explicando los métodos técnicos utilizados desde el momento de la traída del monolito desde Luxor hasta el izado final de la enorme piedra. En la parte superior, hace pocos años (1998), se instaló una pequeña pirámide de oro de tres metros sesenta centímetros de altura, de acuerdo con la constumbre egipcia de coronar todos los obeliscos con este elemento geométrico.
Si la pieza original era de una alianza con el 75% de oro, el nuevo piramidón es de bronce con nueve baños de hoja de oro.
En una de sus caras podemos ver la historia de una ofrenda religiosa que hace Ramsés II al dios Ra.
Parece ser que la leyenda que contamos al principio ahora toma visos de realidad. Cuando el obelisco estuvo instalado en la Place de la Concorde, el Rey Louis Phillipe I envio un reloj de regalo al Vali de Egipto. Este reloj se halla en el Museo del Cairo y dicen los cairotas que nunca llego a estar en funcionamiento.


En el templo de Luxor, desde entonces se puede ver el hueco que dejó el obelisco viajero. Según vemos en esta foto lateral, entre los dos grupos de imágenes debería estar el obelisco luxoriano.
Una curiosidad. Al parecer, a Champolion le ofrecieron los dos obeliscos, pero se decidió primero por el más pequeño de los dos. La razon: era el que estaba más dañado y necesitaba de un cuidado que en Egipto no podia tener. Se puede decir que el romanticismo de un egiptólogo salvó al obelisco.

La entrada al Templo de Luxor con el obelisco gemelo.

La entrada al Templo de Luxor con el obelisco gemelo.

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