Subir al cielo de Notre Dame (2): La Galería de las Quimeras.

 

(Viene del post anterior). Esta parada, para hacernos una idea se hace aproximadamente a la altura del órgano de la catedral y de la Galería de los Reyes. Una vez que todos hemos adquirido el ticket de entrada, retiran la cadena de la escalera de acceso y nos disponemos a subir al ritmo que cada uno se autoimpone.

El Pensador.

Este segundo tramo de escaleras nos llevará la Galería de las Quimeras, a 46 metros de altura.

Salimos de la Torre Norte deseando respirar aire nuevo y pidiéndole a la brisa de refresque nuestra cara sudorosa cuando se nos abre un inmenso paisaje urbano que intentamos identificar y, sobre todo, fotografiar. Un ¡ohhhhhh! es lo primero que te sale del alma.

La Galería de las Quimeras.

Es cierto que desde allí se distingue la Basílica del Sacre Coeur, la Sainte Chapelle, el Pantheon, Saint Eustache, los Puentes del Sena, Saint Sulpice o la Torre Eiffel por poner algunos ejemplos, pero, para mí, esta visión no es lo más importante de este punto. Aquí nos encontramos con las célebres quimeras que Eugéne Violette-le-Duc ordenó hacer.

Una quimera fijando su vista en la Torre Eiffel.

¡Oh, Dios mío, las quimeras!, estos monstruos de piedra que representan a seres imaginarios y que son esculpidos en piedra con características grotescas. Estos seres que han cultivado la leyenda y la literatura y nos han dejado noches sin dormir soñando con ellas. Estos pájaros fantásticos. animales híbridos y monstruos fabulosos que infunden terror a quienes se acercan intentando agredir la inviolabilidad sagrada de la Catedral.

El Pollo y el Monje.

Aquí las tenemos. Con nosotros.

Podemos tocarlas con la punta de las manos y, aunque no tienen nombre (bueno, sé que las de la película de “El Jorobado de Notre Dame” se llamaban Víctor, Hugo y Laverne) ahí pudo distinguirlas por los nombres que mi imaginario juvenil les dio a cada una de ellas.

La Galería interior que rodea la torre.

Nada más acceder a la galería nos encontramos con “el pensador”, más allá, “el pollo”, “el diablo barbudo”, “la gallina triste”, allí atrás “el elefante”, a su lado, “el leopardo” y “la hiena”, por aquí veo al “macho cabrío”, en este lado “al monje” al que llamo así por la capucha que le cubre el cuerpo, cerca de él está “el burlón” con la lengua fuera, detrás “el enano”, más allá “el caballo”, en frente está “el águila conejera” porque lleva un conejo entre sus zarpas, junto a ella vemos “al marqués”, llamado así por tener figura humana y está muy repeinado… y podría seguir así recordando una a una las quimeras de esta hermosa galería y el imaginario nombre que yo les di. ¡Qué emoción!.

El Enano y el Burlón.

 

El Elefante y el Leopardo.

 

La Hiena.

 

Los perros.

 

El Águila conejera y el Marqués.

 

El Diabillo asustado.

 

Una de las terroríficas quimeras en actitud desafiante.

Me divierto con ellas. “Ahora no me dais miedo”, les digo mientras escucho atento a un empleado de seguridad que me solicita celeridad en continuar con mi subida.

Me dispongo a irme no sin antes sentir un último escalofrío mientras lanzo la penúltima foto.

 

Continua en el siguiente post…

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