La vanidad de Viollet-le-Duc.

 

El Arcángel Gabriel en primer plano. Detrás, rodeando la aguja de la Catedral de Notre Dame, podemos ver las figuras de bronce de los apóstoles y de los evangelistas.

La Catedral de Notre Dame de París tiene más de 800 años de historia. Su construcción se inició en el año 1163. Sin embargo muchos de los elementos más característicos y conocidos del edificio actual no fueron diseñados en ese tiempo, fueron bastante posteriores.

Tras la Revolución Francesa de 1792, la catedral fue robada, saqueada, mutilada y descarrilada. Con el advenimiento del Imperio Napoleónico (el mismo Napoleón se coronó emperador allí) se produjo un nuevo movimiento en pos de recuperar el antiguo esplendor de Notre Dame.

La figura de Santo Tomás.

Con el florecer de la época romántica, la catedral se apreció con otros ojos. Bajo esta nueva luz del pensamiento se inicia un programa de restauración de la catedral en 1844, liderado por los arquitectos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste-Antoine Lassus, que se extendió durante veintitrés años.

Entre las modificaciones que se hicieron están: la inserción de gabletes en las ventanas, el rosetón sur enteramente nuevo, el cambio de la piedra de los arbotantes por piedra nueva, la reconstrucción de todas las capillas interiores y altares, la colocación de estatuas en la Galería de los Reyes, parcialmente destruida durante la Revolución Francesa, también se añadieron a la catedral numerosas gárgolas que configuran una de sus imágenes más características, una nueva flecha y unas estatuas de bronce rodeando ésta. Además, los arquitectos planearon un aislamiento de la catedral, derribando todos los edificios de los alrededores.

¿La imagen de Viollet-le-Duc?

Pero el amigo Viollet-le-Duc nos salió presumido y ególatra y quiso pasar a la inmortalidad siendo uno de los elementos que se incorporan a la Catedral.

Como podemos ver en las imágenes que acompañan este testo, de todas las estatuas que rodean la aguja de la catedral sólo una, repito sólo una, está vuelta de espaldas y fija su mirada en la propia aguja. Es Santo Tomás, perdón, es Viollet-le-Duc en el papel de Santo Tomás, que está admirando su magnánima obra de arte.

Para que lo identifiquemos mejor, en su mano derecha muestra una regla con su nombre.

Firma el arquitecto de la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame.

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