La Iglesia de Saint Germain des Prés (1): su historia.

 

La Iglesia de Saint Germain des Prés.

La Iglesia de Saint Germain de Pres es el edificio religioso más antiguo de París. Quizás sea ésta la razón por la que me atrae tanto su figura y su historia. Es, de largo y exceptuando la Catedral de Notre Dame, la iglesia parisina que más veces he visitado y nunca me canso de descubrir en su interior detalles novedosos. Su estilo arquitectónico, a medias entre el Románico y el Gótico es un punto de distinción que me gusta como persona que aprecio el arte.

A las puertas de la misma y junto a un pequeño jardín, hay una placa que nos cuenta la historia de este edificio, levantado en el año 543 d.C., cuando los merovingios eran el pueblo dominante en la región norte de la Galia.

Antes de la fundación de la abadía, ya existía en la época romana un templo dedicado a Isis , entonces llamado Locotice, que, se decía, proporcionaba la inmortalidad a los iniciados en su culto. Este lugar, al ser una pequeña colina, disfrutaba de una posición ligeramente más alta que las tierras de alrededor y quedaba a salvo de las inundaciones anuales. Debido a la distancia desde la Ilé de la Cité  a este templo se formó un camino hacia el oeste que corría a lo largo del Sena, en una distancia que era,más o menos, lo que ocupa el Boulevard Saint-Germain actualmente y que lo separaba de los humedales conocidos en el siglo X bajo el nombre de “Clos de Laas”. Este camino se unió al paso del río en lo que hoy es la Rue Saint André des Arts.

Así era la Abadía de Saint Germain des Prés.

Cuenta la historia que, a mediados del siglo VI de nuestra era, el Rey merovingio Chidelberto I decidió levantar una iglesia cristiana en las afueras de París, al sur del Río Sena. La primera iglesia de la abadía fue consagrada el 23 de abril en 558 por Germain y estaría dedicada a la Santa Cruz.

Ocurrió, también, que Childeberto se desplazó hacia el sur con el grueso de sus ejércitos para conquistar las tierras más allá de los Pirineos.

Llegó hasta Zaragoza, ciudad a la que tuvo en asedio durante un tiempo. Estando allí llegó a oídos del propio Rey que los zaragozanos se habían puesto bajo la protección de San Vicente Mártir para que los merovingios no conquistaran la ciudad.

El Rey merovingio, profundamente cristiano, levantó de inmediato el sitio, no sin antes hacerle saber a los zaragozanos el motivo del levantamiento: no luchar contra la fe cristiana. El Obispo de Zaragoza le entregó, en agradecimiento por su magnanimidad, una reliquia: la túnica del santo.

Breve historia de la Iglesia de Saint Germain des Prés.

El Rey Chidelberto decidió que, en Saint Germain de Pres, además de venerarse a la Santa Cruz, también se le haría veneración a San Vicente Mártir, y allí depositó la reliquia zaragozana para su custodia y presentación a los peregrinos.

En dicha iglesia están enterrados tres reyes merovingios, lo que es un hito histórico pues es la primera vez que una iglesia es tomada como panteón fúnebre por la realeza. Junto con Chidelberto I, también descansan allí los cuerpos de Chilperico I y de Clotaldo II. Curiosamente, en esta misma iglesia también fue enterrado el cuerpo del filósofo René Descartes.

Fue consagrada por el Arzobispo de París, Germain, conocido también como “Germain de París”, de quien tomó el nombre posteriormente. Este Obispo fue abad en la Abadía de Saint Symphorien de Pantaleon.

Para resumir en pocas palabras su historia, esta iglesia fue adhiriendo para su propiedad terrenos en las afueras de París, de modo que dominó, privadamente y bajo su administración pecuniaria, buena parte de la orilla sur del Sena entre lo que es hoy el Boulevard Saint Michel y la Torre Eiffel.

La única torre en pie de la Iglesia de Saint Germain des Prés.

Allí se construyó una abadía que acaparó bastantes riquezas por dos razones principalmente: por el uso de sus tierras, bien en cultivo propio, bien en régimen de cesión a los vecinos a cambio de una renta de una parte de la producción, y por otro lado, por la enorme fama que tomó la abadía como centro religioso de peregrinación de toda la Francia. Los monjes benedictinos fueron los encargados de su administración y cuidado.

Con el paso de los siglos, la abadía sufrió distintos asedios hasta fue quemada por las ordas normando-vikingas en el siglo IX, pero su atractivo era tal que sería reconstruida pocos años antes del año mil por el abad Morard y ampliada en 1163 por el Papa Alejandro III.

Tras los ataques normandos a París, se decidió amurallar la ciudad (la famosa muralla del Rey Louis Philippe) y la abadía quedó fuera del recinto amurallado.  Esto supuso un duro golpe económico y social para la abadía que quedaba, extrarradio, al albur de cualquier ataque extranjero y, lógicamente al quedar apartada de la ciudad, con menos visitas que en otras épocas.

Posteriormente se construyó la torre, que no es la que conocemos actualmente, ya que se derrumbó a principios del siglo XVII.

La abadía en 1723.

El Abad Richard Laître decidió reparar la iglesia y fortificar el monasterio. En 1368, el rey Carlos V había renovado las fortificaciones de París con gran una zanja y solicitó a la abadía que realizar el mismo trabajo para sí mismo. Cavar un foso exigía la compra por la parte religiosa de la Universidad Pre-aux-Clerc que recibió, a cambio, la tierra contigua abadía norte que fue llamada “Petit Pré-aux-Clerc”. El foso de la abadía se llena de agua por un canal de 27 metros de ancho que se llamaba “Petit Sena” (que se construyó en lugar de un antiguo río llamado “Noue”) y cuyo cauce sigue el de la actual ruta Rue Bonaparte.

Desde 1631, la abadía se convirtió en uno de los principales centros intelectuales de Francia. Esta fecha coincide con el momento en que la congregación de San Mauro hace de Saint-Germain-des-Prés su abadía madre. Los Mauristas deciden renovar la ciencia histórica mediante la imposición de las fuentes de lectura más rigurosos: Jean Mabillon o Bernard de Montfaucon se encuentran entre los más grandes historiadores de su tiempo y traen a la abadía una rica biblioteca, por lo que los aumenta la cantidad de manuscritos impresos en la abadía.

El siglo XVIII estuvo marcado por el “reinado” de Luis de Borbón-Condé (1709-1771), Conde de Clermont, Príncipe de la sangre, primo hermano y ahijado de Luis XV. A la muerte en 1737 de Enrique III de Thiard, el Cardenal Bissy, Obispo de Meaux y Abad desde 1715 decidió que la abadía y toda la propiedad dependiente estaban en un estado muy lamentable y debía ser entregada al Estado. En su toma de posesión en septiembre, el Conde de Clermont la convertiría en una propiedad estatal.

El Conde hizo una labor extraordinaria ya que ordenó la restauración del Palacio Abacial y la Iglesia a los que dedicó tiempo y bastante dinero.

La nave central de la Iglesia de Saint Germain des Prés.

A la muerte del Conde de Clermont en 1771, Louis XV, después de hacer prevalecer su regio derecho, decidió no nombrar a un nuevo abad. Reservó los ingresos de la abadía y confió la gestión de sus bienes a su Administración de Economistas. La situación permanecerá así hasta 1774, a la llegada de Louis XVI al trono y el nombramiento de Charles-Antoine de La Roche-Aymar, quien será el último abad de Saint-Germain-des-Prés.

A su muerte en 1777, la abadía cae en manos de los Economistas de nuevo. La situación se mantendrá hasta la Revolución. La Revolución francesa de 1789 la transformó sucesivamente en prisión, para suplicio de más de un centenar de parisinos que murieron allí, y luego en depósito de pólvora y municiones.

A raíz de la supresión de las comunidades monásticas, la iglesia quedará cerrada el 13 de febrero de 1792 y los edificios monásticos se venden como bien nacional. Los preciosos manuscritos de la biblioteca de la abadía quedarían dispersos: mucho serán comprados por el diplomático ruso Piotr Dubrovsky . La mayoría de las tumbas merovingias fueron destruidas, y el dosel del altar mayor y el gran relicario dorado de Saint Germain fueron fundidos.

Puerta de la antigua abadía expuesta en la iglesia.

La conversión en arsenal fue un error fatal ya que, el 19 de agosto de 1794, 15 toneladas de explosivos estallaron dentro y causaron un terrible incendio que destruyó sus armazón y una buena parte de sus tesoros, entre los que se encontraba su famosa biblioteca teológica.

Se destruyó toda una parte de la Abadía que quedó en ruinas y la plaza Saint-Germain des Prés, que está enfrente hoy día, la reemplazó. En el Siglo XIX, los arquitectos Godde, y luego Baltard, la restauraron y le dieron su apariencia actual.

Para finalizar me gustaría contarles una anécdota del Obispo que consagró esta abadía: “Germain de París”. Germain era tenido por un hombre piadoso y bueno y ejercía las funciones de Abad en la Abadía de Saint Symphorien, cerca de la ciudad de Autun.  En una ocasión, por motivos religiosos tuvo que desplazarse a París. Tuvo, entonces, la mala suerte, de que, durante sus estancia en la ciudad, falleció Eusebio, el Obispo parisino. Chidelberto I, al conocer la situación hizo llamar a Germain y le obligó a ser Obispo de París en ese momento. Allí demostró de nuevo sus virtudes y, se dice, que tuvo gran influencia en la fe religiosa del Rey.

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