La leyenda de la Rue de la Colombe.

 

Uno de los restaurantes más antiguos de la ciudad con un trozo de pared conservada a través de los siglos.

La Rue de la Colombe (la Calle de la Paloma) es una calle relativamente pequeña y estrecha, paralela a la Rue d´Arcole y que une por cada uno de sus extremos a la Rue Chanoinesse y el Quai aux Fleurs, un paseo ribereño junto al Pont d´Arcole. No hubiera reparado en ella si no hubiera sido porque, un caluroso mediodía, buscaba, tras visitar la Catedral de Notre Dame, una pequeña mesa donde poder degustar algún manjar parisino.

La Rue de la Colombe, bajo cuyos adoquines está enterrada la antigua muralla de la ciudad.

Fui a dar con la Rue de la Colombe, a un restaurante cuyo nombre era “Chantier de Notre Dame”. El descanso ayudó a recuperar mis fuerzas, pero lo que de verdad degusté con verdadera emoción fue el plato de quesos variados franceses que pusieron sobre mi mesa, una delicatessen que me supo a gloria.

El restaurante “Le Chantier de Notre Dame”.

A la salida, y dando un paseo por el adoquinado de esta calle en dirección al Sena, me fijé en una placa donde se decía que el trazado de dicha calle estaba construido sobre un lienzo de la antigua muralla galorromana, unos vestigios que se descubrieron en 1898 cuando se llevaron a cabo algunas obras para adecentar el alcantarillado de esta zona de la ciudad.

La placa que señala el descubrimiento de la muralla galorromana.

Se ve que, por su situación, esta Rue de la Colombe, tuvo que tener su importancia durante siglos. Pero la historia, a veces, se confunde con la propia leyenda, leyenda de la que esta calle tomó precísamente su nombre. Conozcamosla.

Siete siglos de historia.. o de leyenda.

Cuenta la leyenda que, hacia el año 1220, una pareja de palomas tenía su modo de vida asentado sobre el cielo de un viejo edificio. Un día del citado año se produjo un hundimiento en el terreno y la casa se hundió atrapando bajo sus escombros a una de las palomas, a la hembra. La paloma estaba viva, pero era imposible librarla sin antes retirar las grandes piedras y, como esto se llevaría su tiempo, ésta habría muerto de hambre.

Al principio de la calle podemos ver esta paloma para recordarnos que estamos en la Rue de la Colombe

Dice también la leyenda que el macho, sobrevolando el área del desastre pronto reparó en el lugar donde se quedó la paloma encerrada y decidió alimentarla echándole semillas y darle de beber mediante una paja. Los reencuentros de la pareja supusieron gran alegría entre los humanos.

Las dos palomas sobre un lienzo de la pared antigua.

En 1954, el fundador del Restaurant de la Colombe, encontró la leyenda y ésta fue publicada por primera vez en un boletín reservado para los funcionarios de la Prefectura del Sena. Algunos días más tarde, un par de palomas vino a posarse sobre la ventana y decidieron quedarse en el edificio con gran regocijo de los trabajadores del restaurante.

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