Trocadero, el nombre más español de un jardín parisino.

 

Vista de los Jardines de Trocadero desde la Torre Eiffel.

La foto de arriba es, sin duda, una de las imágenes más icónicas de París.

Cuantos visitantes han subido a la Torre Eiffel (y todos los años somos millones) hemos tenido esta inmensa vista que atraviesa el Sena a través del Pont d´Iena, continua por el inmenso jardín verde que acompaña a los chorros de agua de la Fuente de Varsovia, se detiene en el monumental Palais Chaillot que nos acoge con sus dos brazos abiertos y se aleja por el fondo sobre los edificios modernos del Barrio de La Défense. Pues hoy vamos a hablar un poquito de esta zona verde del centro de la fotografía, cuyo punto de atracción es el agua de las fuentes y supone un espacio de ocio para paseantes y sobre todo, para los amantes de los patines, patinetes y skates y que tiene el sugerente nombre de “los Jardines de Trocadero”.

Pero atendamos un momento a una curiosidad que atañe a la nomenclatura de los lugares de París. En muchos casos, los nombres de las cosas hablan de ellas mismas como un libro abierto, por eso es interesante conocer de dónde proviene, a qué hecho se refiere, a qué personaje o lugar perpetúa en la memoria de la ciudad cada uno de los nombres propios de los rincones de esta ciudad.

Y éste no iba a ser un caso distinto: Trocadero, un nombre español. ¿Saben a qué hace referencia? Vamos a viajar en el tiempo a un lugar, Cádiz, a una fecha, 31 de agosto de 1823 y a una batalla, la Batalla de Trocadero entre el victorioso ejército francés y el heroico ejército liberal español. Lo vamos a ver.

Los Jardines de Trocadero vistos desde el Palais Chaillot.

HISTORIA DE UNA BATALLA.

La batalla de Trocadero fue un enfrentamiento  entre  tropas francesas al mando del Duque de Angulema, conocidas con el sobrenombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y el ejército constitucional y liberal español, aquel que defendía al gobierno legítimo instaurado con la reposición de la Constitución de Cádiz de 1812.

Fue el acto final de dicho gobierno, el canto del cisne del Trienio Liberal, durante el cual Fernando VII hubo de jurar la Constitución (“marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional”). La victoria francesa permitió que el rey pudiera salir de la ciudad de Cádiz, en donde se encontraba retenido, para regresar a Madrid como rey absoluto, derogando la Constitución e implantando de nuevo (ya lo había hecho en 1814, cuando Napoleón le permitió regresar a España) su régimen tiránico, retomando de nuevo una feroz represión contra los liberales.

Batalla de Trocadero.

La acción bélica tuvo lugar en El Trocadero, una de las islas que componen la bahía de Cádiz, junto al itsmo de Matagorda  que divide esta en dos. Los españoles construyeron el caño de cortadura, que dividía el itsmo y dificultaba su acceso por tierra.  En la parte más cercana a Cádiz, justo frente a Los puntales, potente batería del puerto gaditano, se encontraba el Fuerte de San Luís o Fort Luis, punto estratégico desde el que los franceses ya bombardearon Cádiz durante la Guerra de la Independencia, en aquella ocasión sin éxito, pues las Cortes reunidas en la Isla de León, en ausencia del rey, proclamaron la primera carta magna de nuestra historia, conocida popularmente con el sobrenombre de “La Pepa”.

En esta ocasión,  casi diez años después, fueron las tropas comandadas por el hijo del rey francés Charles X,  Louis Antoine d’Artois, Duque de Angulema, las que trataron de tomar Cádiz por tierra, comenzando por conquistar el Trocadero, punto estratégico que a buen seguro les permitiría tener el acceso a una Cádiz expedita. Los franceses comenzaron el reconocimiento del terreno a mediados de Julio, mientras los españoles se apostaban raudos a reconstruir las fortificaciones  de Fuerte San Luís y Matagorda, seriamente dañadas desde la anterior contienda.

Plano de Cádiz y la Isla de Trocadero.

Para impedir el avance francés se habían situado en la orilla del canal de la Cortadura, único acceso al istmo, diversos sistemas defensivos que dificultaran un posible avance de la infantería gala, entre ellos diversas líneas de trincheras y montículos dispuestos con artillería.  Sin embargo a finales de agosto los franceses bombardearon las posiciones hispanas, en particular las defensas del Trocadero. La noche del 31 con las bayonetas alzadas y el agua al pecho atravesaron sigilosamente  el canal y accedieron a las primeras líneas de defensa cogiendo por sorpresa a los españoles.

La confusión se adueñó de la posición española y la oscuridad, embarullando unos con otros, provocó un caos que se tornó en tragedia.  El coronel Grases, al mando de la plaza, ordenó la retirada con objeto de recomponer la situación pero entonces los franceses machacaron las enclenques posiciones españolas aprovechándose de las mismas defensas abandonadas, utilizando granadas de mano, aniquilando a la gran mayoría de los que todavía huían. El Fuerte San Luís cayó por la mañana, tras haber perecido muchos en una precipitada  huída hacia Cádiz. Se calcula que los españoles tuvieron alrededor de 300 bajas.  Tomado el fuerte, los franceses procedieron a bombardear Cádiz hasta que esta tuvo que capitular.

Fernando VII engañó nuevamente a los liberales prometiéndoles una paz honrosa que acabó en sangrienta represión una vez que el rey estuvo en la península junto a su primo el Duque de Angulema, jefe del ejército invasor.

Las fuentes y estanques de Trocadero.

La batalla de Trocadero no fue importante a no ser porque los franceses trataron de equipararla a otras de sus grandes victorias históricas con el objetivo de engrandecer  el nombre de su imperio. En realidad no pasó de ser una escaramuza entre regimientos aunque a la postre tuviese un resultado tan negativo para nuestros intereses.

La capitulación de Cádiz significó  diez años más de absolutismo y sufrimiento para el castigado pueblo español. Sin embargo, curiosidades de la historia, la Francia de la Revolución de la libertad homenajea esta victoria que trajo el absolutismo s España con un magnífico espacio verde en pleno corazón de París, los Jardines de Trocadero, unos jardines que pasamos a describir a continuación.

Los Jardines de Trocadero.

LA FUENTE Y LOS JARDINES.

Casi noventa y cuatro mil metros cuadrados es lo que mide el espacio de los Jardines de Trocadero, un espacio verde, lúdico, moderno  y estéticamente agradable que se encuentra al norte del Pont d´Iena y al sur de los dos edificios que conforma el conjunto del Palais Chaillot. Fueron ideados por el Rey Louis XVIII para homenajear a los vencedores de la batalla descrita. En su centro hay un estanque alineado al milímetro con la Torre Eiffel a la que sirve de espejo de plata donde mirarse cada mañana con las primeras luces del sol.

Esculturas de piedra junto a la Fuente de Varsovia.

Aunque los jardines fueron abiertos para embellecer la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1878 (hace ya más de 140 años) no sería hasta la Exposición Universal de 1937 cuando se completó con el enorme caudal de agua que el Ayuntamiento parisino canalizó hasta el lugar. Allí se conformó un espectáculo de una serie de estanques en cascada acompañados de 20 cañones oblicuos de agua que dominan un estanque principal salpicado de 56 chorros verticales de agua. En 1878 se acompañó a estos jardines con un hermoso palacio, el Palacio del Trocadero, de estilo bizantino, que fue también sustituido posteriormente en 1937 por el moderno Palais Chaillot.

Esculturas de piedra en los Jardines del Trocadero.

Alrededor de los estanques, los jardines presentan numerosas obras escultóricas de estilo art déco, como los conjuntos en piedra de Léon-Ernest Drivier y Pierre Poisson, y las estatuas entre las que destacan El hombre, de Pierre Traverse, y La mujer, de Daniel Bacqué. Las fuentes se adornan de esculturas de bronce, como Toro y gamo, de Paul Jouve, o Caballos y perro, de Georges Guyot.

Esculturas en los Jardines de Trocadero. “Caballos y perro”de Georges Guyot, en bronce. “La Mujer”, de Daniel Bacqué, en piedra.

Los jardines de la Plaza Trocadero son de estilo inglés y están poblados por numerosos robles rojos, fresnos, un avellano de Bizancio y su afamada Pterocarya, además de tulipanes americanos.

Pero quizá el mayor de los atractivos de los jardines sea la Fuente Varsovia, diseñada por Roger-Henri Expert, una fuente en la que 20 cañones lanzan chorros de agua, conformando un espectáculo visual muy llamativo.

Así que ya saben, cuando desde la Torre Eiffel observen los Jardines de Trocadero podrán decir que es un pequeño rincón de España en París, aunque sólo sea por el nombre.

Jardines de Trocadero. A la derecha “Toro y gamo”, de Paul Jouve, en bronce.

El monumento al poeta Leconte de Lisle.

 

El monumento a Leconte de Lisle, en los jardines del Palacio de Luxemburgo.

El monumento a Leconte de Lisle, en los jardines del Palacio de Luxemburgo.

Muchos de nuestros lectores conocen la palabra Parnaso, un monte de la mitología griega en el que habitaban las musas. Quizás menos de nosotros conociéramos la revista “Le Parnasse contemporain” (El Parnaso contemporáneo), una revista que dio lugar a uno de los más famosos movimientos literarios de la lírica francesa que nació en los años sesenta del siglo XIX. Esta corriente literaria favorece la perfección formal frente a los descuidos y al sentimentalismo excesivo del romanticismo, es una apuesta del arte por el arte.

Leconte de Lisle.

Leconte de Lisle.

Uno de los impulsores principales de este grupo de poetas escogidos era Leconte de Lisle, pero no era el único. Entre los integrantes más conocidos se incluyen a Théophile Guatier o a Théodore de Banville, quienes rechazaban la sociedad de su tiempo y se refugiaban en lo antiguo, lo suntuario, lo exótico y lo aristocrático.

Pues bien, al poeta Leconte de Lisle, hay dedicado un monumento escultórico (también tiene dedicada una calle en el XVIº Arrondissement) en un lugar bucólico y casi parnasiano, los jardines del Palacio de Luxemburgo. La obra nació de las manos del artista Denys Puech y fue inaugurado en 1898.

Charles Marie René Leconte de Lisle

Charles Marie René Leconte de Lisle

En este monumento de mármol blanco podemos ver a Charles Marie René Leconte de Lisle (este es su nombre completo) siendo abrazado por una musa con alas. Ambas figura forman un bloque compacto que se apoya en una base cilíndrica en forma de columna griega, alcanzando la composición escultórica una altura aproximada de unos cinco metros.

Leconte de Lisle.

Leconte de Lisle.

Pero, ¿quién fue realmente este poeta parnasiano? Esbocemos resumidamente los datos más importantes de su vida.

Nació en la Isla Reunión, en el Océano Índico, aunque se educó en Rennes (Francia). Hijo de un cirujano militar establecido como plantador en La Reunión, pasó allí infancia y adolescencia, trasladándose luego a Francia para estudiar derecho (1837). Una vez graduado, tras un período en su isla natal (1843-1846), se radicó en París, donde se dedicó a escribir y trabajó como ayudante de bibliotecario en el Museo de Luxemburgo, fue secretario del órgano fourierista “La phalange”, periódico donde publicó sus primeros versos, sus ideas republicanas le crearon problemas con su familia, y después del golpe de estado de 1851 abandonó la política para consagrarse a la poesía.

Su primer libro, Poemas antiguos (1852), atacaba en su prefacio las tendencias románticas, a las que oponía su entusiasmo por las civilizaciones antiguas, sobre todo la griega, y una poesía basada en la ciencia que expresara la evolución de los hombres mediante la representación de los mitos en que aquélla había cristalizado en epocas sucesivas.

A partir de 1860 reunió algunos discípulos (Mendes, Sully Prudhomme, Coppée, Héredia, Verlaine, Mallarmé), núcleo del grupo poético del Parnaso, o parnasiano, conocidos por su férrea disciplina poética. A sus dos libros restantes de poesía, Poemas bárbaros (1862) y Poemas trágicos (1884) añadirle Últimos poemas (1899); y la tragedia en verso, basada en una antigua tragedia griega, Las erinias (1872). Hay que añadir, además, sus diversas traducciones en verso: Anacreonte, La Ilíada, La Odisea, Hesíodo, Esquilo y Sófocles.

El monumento a Leconte de Lisle.

El monumento a Leconte de Lisle.

Su obra se caracteriza por su corrección estilística, de corte clásico, su frialdad y una actitud pesimista y desdeñosa hacia la vida, su visión parnasiana del arte por el arte perdió peso con la llegada de Charles Baudelaire y los simbolistas.

Tras la caída del imperio, reafirmó sus convicciones juveniles con el Catesismo popular republicano (1870); fue bibliotecario del senado (1872) y sucedió a Victor Hugo en la Academia Francesa. Póstumamente se publicaron sus Poemas últimos (1895). Ejerció una extraordinaria influencia en la poesía latinoamericana de principio de siglo, y la mayoría de los poetas modernistas le saludaron como maestro.

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (2): Hipómenes y Atalanta.

 

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Con la estatua del fauno del cabrito sólo pudimos ver una parte de la capacidad escultórica de la Execra norte del Jardín de las Tullerías. En el extremo este de la mima nos encontramos con dos estatuas sobre pedestal que representan a un nuevo mito de la civilización deíctica griega, son las figuras de Hipómenes y Atalanta.

Al igual que la estatua del fauno, estas nuevas representaciones no son las originales, sino copias de otras que se hayan expuestas en el vecino Museo del Louvre. En el museo están instaladas según el sentido natural de la acción de ambos figuras, Hipómenes a la derecha de Atalanta pues el primero quien lanza unas manzanas a la segunda con su mano derecha en dirección a la izquierda.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto. En el Museo del Louvre.

Sin embargo, en la exedra están colocados al revés, es decir, con Hipómenes a la izquierda , mirando hacia el exterior del estanque y con intención de lanzar la manzana hacia fuera y no hacia el camino de Atalanta como ahora vamos a ver en la explicación de mito. Sigue leyendo

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (1): El Fauno del cabrito.

 

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

El Jardín de las Tullerías no sólo es un placentero lugar donde dar un paseo disfrutando de las plantas y los pájaros, es también un lugar cuya tranquilidad y silencio contrasta con el resto de la bulliciosa  ruidosa ciudad. Pero no nos quedemos sólo con esta percepción, en este remanso verde de paz existe un pequeño museo que es, en muchos casos, una muestra de las esculturas que nos vamos a encontrar en el vecino y archiconocido Museo del Louvre.

Entre caminos de tierra y parterres de vegetación podemos tropezarnos con muestras tan bellas como las dos zonas conocidas cono Exedras, la norte y la sur. Son pequeños estanques, rodeados de flores multicolores y de bancos de frío y duro metal donde disfrutar de un descanso fijando nuestra vista en lo que ocurre en el interior de la exedra.

Fauno visto de frente.

Fauno visto de frente.

En el caso de hoy y en el siguiente post vamos a descubrir dos conjuntos escultóricos que podemos ver en la Exedra Norte, nos estamos refiriendo a la escultura del Fauno del Cabrito y a la doble figura de Hipómenes y Atalanta representando el famoso mito griego del que hablaremos en unos días.

Fauno del cabrito.

El Fauno del cabrito, en un extremo de la exedra norte.

La estatua de “Faune au chevreau” es una copia de la original que fue esculpida por Pierre Le Pautre en París en 1685. La original es una pieza de mármol que fue expuesta el Castillo de Marly, posteriormente trasladada al Jardín de las Tullerías en 1744 y finalmente fijada en el Museo del Louvre en 1882, colocándose una copia en su primitivo lugar. Sigue leyendo

La estatua ecuestre del rey Henry IV en el Pont Neuf.

 

La estatua del rey Henri IV, vista desde la Square du Vert-Galan.

La estatua del rey Henry IV, vista desde la Square du Vert-Galan.

En el anterior post comentábamos que el Pont Neuf era punto de separación (o de unión, según se entienda) entre la Place Dauphine y la Square du Vert-Galan. El Pont Neuf, que une las dos orillas del Sena apoyándose en su parte central sobre la Île de la Cité, tiene, en este punto intermedio, una pequeña explanada que ensancha al propio puente, sobre la que podemos ver la estatua ecuestre del rey Henry IV (Enrique IV).

La estatua ecuestre fue encargada por María de Médici a Juan de Bolonia, escultor italiano que no pudo concluir la obra y que fue terminada, tras su muerte, por su alumno Pietro Tacca. La estatua de bronce fue realizada en Italia, embarcó en Livorno en 1613 y llegó a duras penas a París navegando por el Sena después de haber sufrido un naufragio en la costa de Cerdeña y rodear la península ibérica.

La estatua ecuestre del rey Henry IV.

La estatua ecuestre del rey Henry IV.

“El coloso del rey Enrique” fue inaugurado el 23 de agosto de 1614 en presencia del pequeño Louis XIII, aunque no fue terminado hasta 1618 cuando se dispusieron, en las esquinas del zócalo, cuatro cautivos esculpidos por Franqueville. Se adornó el pedestal con dos bajorrelieves, alegorías idílicas del soberano que lo muestran dando pan a los habitantes hambrientos. Sigue leyendo

La Estatua de la Libertad, en la Isla de los Cisnes.

 

La Estatua de la Libertad vista desde la Torre Eiffel.

Todos sabemos que en la Isla de la Libertad, al sur de Manhattan, junto a la desembocadura del Río Hudson, está la famosa Estatua de la Libertad, monumento declarado Patrimonio de la Humanidad.
Fue regalada en el año 1886 por Francia a Estados Unidos en conmemoración del primer centenario de su Declaración de Independencia.
En su construcción participaron principalmente tres eminentes profesionales y artistas de un prestigio reconocido mundialmente: un escultor que le dio forma estética al monumento, Frederic Bartholdi; un arquitecto, Eugene Viollet-le-Duc, quien se encargó de selecciona los materiales de la obra; y el ingeniero Gustave Eiffel, quien diseñó la estructua interna de la Estatua y fijó el diseño completo del monumento. Sigue leyendo

El busto de Dora Maar, un homenaje de Picasso a Guillaume Apollinaire.

 

Monumento dedicado a Guillaume Apollinaire.

Tras la Iglesia de Saint Germain des Pres nos encontramos un pequeño jardín a cielo abierto en el que las parejas vienen a contarse sus amores y las madres traen a sus hijos para que correteen entre las piedras de la milenaria abadía ya desaparecida.

Allí, casi a la entrada del mismo nos encontramos con un pequeño monumento, un busto que el español Pablo Picasso dedicó a Dora Maar, una de las innumerables compañeras que gran artista tuvo durante su agitada vida amorosa.

La obra de Picasso fue bautizada con el título de “La Poesía”, y fue esculpida y posteriormente ofrecida a la Ciudad de París por el artista en homenaje a la memoria de Guillaume Apollinaire, un amigo de su juventud. El bronce original fue inaugurado en 1959, robado por la noche del 30 al 31 de marzo 1999 y luego reemplazado en 2002.

La Square Laurent Prache, con algunos restos medievales.

Picasso y Dora se encontraron y conocieron muy cerca de aquí. Él ya tenía de compañera sentimental a Marie- Thérèse Walter y, por entonces, Picasso era ya un artista célebre y ella una joven fotógrafa ferviente partidaria de la revolución surrealista que sacude Saint Germain des Prés. Dora sigue a Picasso hasta su taller muy próximo de la  Rue des Grands Augustins y es la primera en fotografiarlo en creación plena.

Esta es su historia.

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El Prometeo de Zadkine.

 

En la Plaza de Saint Germain des Pres nos encontramos con “Prometeo”.

En la Plaza de Saint Germain des Pres, a mitad de camino entre la antiquísima iglesia del mismo nombre y el Café Les Deux Magots, nos encontramos con esta estatua, expresión del modernismo al que el autor, Ossip Zadkine, le otorgó el sugerente título de “Prometeo”.

Ossip Zadkine, el autor de la obra, nació el 14 de julio de 1890 en Vitebsk (Bielorrusia), y fallecido el 25 de noviembre de 1967 en París. aunque es un escultor francés de origen ruso, se estableció en Francia en 1910 y está enterrado en el cementerio del Montparnasse. Su vida fue muy agitada. Sigue leyendo

Las “Altas Hierbas” de Beatrice Guichard.

 

Las “Altas Hierbas” de Beatrice Guichard, en la explanada entre el Museo del Louvre y la Iglesia de Saint Germain l´Auxerrois.

Desde hace unos años existe una moda en las capitales europeas según la cual el arte debe hacerse accesible a todo el mundo. ¿Y cómo se hace esto?, se preguntarán. La respuesta la tienen en estas fotos, si nosotros no vamos a los museos a ver el arte, entonces es el arte el conquista la calle para que nos tropecemos con él y lo admiremos (o no).

Es el caso de este “monumento” realizado en acero por la artista francesa Beatrice Guichard y que lleva por título “Hautes Herbes” (Altas Hierbas). Lo podemos ver en la Rue de l’Almiral de Coligny, justo delante de la Iglesia de Saint Germain l’Auxerrois y frente a la puerta del Cour Carrée del Museo del Louvre. Sigue leyendo

“La Marsellesa”, a golpe de cincel.

 

“La Marsellesa”, de François Rude.

Es muy probable que la primera imagen o idea que nos venga a la mente después de leer el titular de este post es la del nombre que se atribuye al famoso himno de Francia, llamado comúnmente así, “La Marsellesa”. Pero no es a esta Marsellesa a la que nos vamos a referir hoy. Vamos a centrar nuestra atención en un grupo escultórico que está grabado sobre uno de los pilares del Arco del Triunfo de la Place Charles de Gaulle de París.

Si miramos al Arco del Triunfo desde los Campos Elíseos, nos damos cuenta que en la fachada principal del monumento existen dos grupos escultóricos muy significativos, sobre todo para el Emperador Napoleón, quien los mandó construir tras la Batalla de Austelizt en 1805.
El de la izquierda nos muestra al propio Napoleón siendo coronado emperador. El de la derecha representa al pueblo de Francia animando a los ejércitos napoleónicos, muchos de ellos voluntarios, en la partida hacia la Guerra contra Prusia y es conocido como “La Marsellesa”, aunque su nombre correcto sería “Départ des volontaires de 1792”. Sigue leyendo