La Fontaine Molière.

 

Muy cerca del Palacio Real, del Louvre y de la Comédie-Française (el dramaturgo más conocido asociado con la Comédie-Française es Molière quien está considerado el patrón de los actores franceses; sin embargo, murió siete años antes de la inauguración de La Maison de Molière, como también se conoce a esta institución), en las intersección de la Rue Richelieu y la Rue Molière, podemos ver una hermosa fuente de dos pisos que rinde pleitesía al teatro francés a través de su máxima figura: Moliére.

La Fontaine Molière está adosada a la pared de un edificio, tal como ocurre en la conocida Fontaine Saint Michel en el Barrio Latino y lleva como atributo el número 28 de la Rue Molière  a pesar de hacer esquina de esta calle con la Rue Richelieu.

La Comedia Seria.

La Comedia Ligera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fuente fue diseñada por el arquitecto Louis Visconti, del que ya hemos hablado cuando describimos la Fuente de Saint Sulpice. Es de estilo neoclásico y en el centro de la misma está la figura de Molière fundida en bronce obra de Bernard Seurre y en estado de meditación. Por encima de él, un pequeño frontón semicircular en el que se enmarca a un pequeño genio sentado rodeado de guirnaldas de gloria y reconocimiento.

Por debajo de él podemos ver, a ambos lados dos figuras de mármol, la de la izquierda representa a la Comedia ligera, de la farsa y, a la derecha podemos ver la representación de la Comedia Seria, del drama, siendo su autor el escultor James Pradier. Ambas musas levantan la vista para mirar al poeta y sostienen unos pergaminos donde se pueden leer el título cada una de las obras de Molière en orden cronológico.

La Fontaine Molière, desde la Rue Molière.

La Fontaine Molière, desde la Rue Richelieu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como curiosidad podemos decir que el lugar en donde se ubica fue ocupado por una fuente conocida como la Fontaine Richelieu hasta 1838, cuando fue demolida debido a que interfería con el flujo de tráfico. Joseph Régnier, un miembro de la Comédie-Française, sugirió una nueva fuente ligeramente más atrás del sitio de la fuente anterior como un monumento al dramaturgo Molière.

Esta fue la primera suscripción pública nacional de Francia para un monumento conmemorativo dedicado a una figura no militar tal como se puede ver en el documento que presentamos más abajo.

Construida en 1844, la fuente fue diseñada por varios escultores, encabezados por el arquitecto Louis Visconti.

La Fontaine Molière, leones y musas para acompañar al genio del teatro.

 

PERO… ¿QUIÉN FUE MOLIÈRE?

Molière, dramaturgo y comediográfo francés creador de obras de teatro tan reconocidas como Tartufo, Don Juan o El burgués gentilhombre, nació bajo el nombre de Jean-Baptiste Poquelin en 1622 en París. Era hijo de un tapicero real y se cree que su afición por el teatro vino por parte de sus tíos, que lo llevaban a ver obras.

Trabajó como tapicero real de Louis XIII, sucediendo a su padre. No obstante, a los 21 años decidió dejar de lado su estatus social y buscar una carrera en los escenarios. Fundó el Ilustre Teatro con Madeleine Béjart, a quien había conocido años antes y de quien se enamoró.

Por aquel entonces comenzó a utilizar el nombre de Molière. Es posible que para evitar la deshonra que podía suponer para su padre tener a un actor en la familia, los cuales en aquel entonces no podían ser enterrados en terreno sagrado. El grupo de teatro entró en bancarrota a los dos años y Molière acabó abandonando París para ser actor durante cinco años.

La figura en bronce de Molière, en actitud reflexiva.

En 1650 volvió a dirigir al grupo de teatro y tuvo la oportunidad de presentar obras ante el rey Louis XIV.  La tragedia le aburrió, pero la farsa le divirtió. El dramaturgo descubrió que tenía más talento para la comedia y así comenzó a aumentar su reputación.

En los años venideros se ganó el favor del rey y Molière, junto a su compañía, fueron instalados en el Palacio Real en 1660. Cuatro años más tarde se le nombró responsable de las diversiones de la corte.

En sus obras, el dramaturgo representaba escenas cómicas costumbristas en las que criticaba algunos aspectos de la sociedad de manera absurda.  En 1664 creó Tartufo, una de sus obras más reconocidas, en la que cargaba contra la  hipocreía religiosa. No obstante ésta fue prohibida durante cinco años por el rey.

Publicación de la suscripción popular para sufragar el Monumento Molière.

Sobre el frontal de la fuente, en este mármol  se dice que fue sufragado por suscripción nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al año, en 1965, creó Don Juan, la historia de un hombre infiel y vividor inspirada en el famoso El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Sus obras tenían un gran éxito y esto provocó que su grupo de teatro se convirtiera en la Compañía Real.

En los años venideros el dramaturgo enfermó de tuberculosis y esto lastró su carrera. Tras el levantamiento de la prohibición sobre Tartufo en 1669, la obra triunfó.

Su vida y obra se verían acabadas cuando estaba representando El enfermo imaginario. Vestía de verde en aquel momento y desde entonces se dice que en Francia trae mala suerte que los actores vistan este color.

A pesar de la prohibición de que los actores fueran enterrado en terreno sagrado de un cementerio, el rey permitió que el REY DEL TEATRO tuviera su entierro en el cementerio de Pére-Lachaise, eso sí, para no ofender a lo sagrado, fue inhumado en la parte de los infantes no bautizados.

Mapa de Situación de la Fontaine Molière, junto al Palacio Real.

Trocadero, el nombre más español de un jardín parisino.

 

Vista de los Jardines de Trocadero desde la Torre Eiffel.

La foto de arriba es, sin duda, una de las imágenes más icónicas de París.

Cuantos visitantes han subido a la Torre Eiffel (y todos los años somos millones) hemos tenido esta inmensa vista que atraviesa el Sena a través del Pont d´Iena, continua por el inmenso jardín verde que acompaña a los chorros de agua de la Fuente de Varsovia, se detiene en el monumental Palais Chaillot que nos acoge con sus dos brazos abiertos y se aleja por el fondo sobre los edificios modernos del Barrio de La Défense. Pues hoy vamos a hablar un poquito de esta zona verde del centro de la fotografía, cuyo punto de atracción es el agua de las fuentes y supone un espacio de ocio para paseantes y sobre todo, para los amantes de los patines, patinetes y skates y que tiene el sugerente nombre de “los Jardines de Trocadero”.

Pero atendamos un momento a una curiosidad que atañe a la nomenclatura de los lugares de París. En muchos casos, los nombres de las cosas hablan de ellas mismas como un libro abierto, por eso es interesante conocer de dónde proviene, a qué hecho se refiere, a qué personaje o lugar perpetúa en la memoria de la ciudad cada uno de los nombres propios de los rincones de esta ciudad.

Y éste no iba a ser un caso distinto: Trocadero, un nombre español. ¿Saben a qué hace referencia? Vamos a viajar en el tiempo a un lugar, Cádiz, a una fecha, 31 de agosto de 1823 y a una batalla, la Batalla de Trocadero entre el victorioso ejército francés y el heroico ejército liberal español. Lo vamos a ver.

Los Jardines de Trocadero vistos desde el Palais Chaillot.

HISTORIA DE UNA BATALLA.

La batalla de Trocadero fue un enfrentamiento  entre  tropas francesas al mando del Duque de Angulema, conocidas con el sobrenombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y el ejército constitucional y liberal español, aquel que defendía al gobierno legítimo instaurado con la reposición de la Constitución de Cádiz de 1812.

Fue el acto final de dicho gobierno, el canto del cisne del Trienio Liberal, durante el cual Fernando VII hubo de jurar la Constitución (“marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional”). La victoria francesa permitió que el rey pudiera salir de la ciudad de Cádiz, en donde se encontraba retenido, para regresar a Madrid como rey absoluto, derogando la Constitución e implantando de nuevo (ya lo había hecho en 1814, cuando Napoleón le permitió regresar a España) su régimen tiránico, retomando de nuevo una feroz represión contra los liberales.

Batalla de Trocadero.

La acción bélica tuvo lugar en El Trocadero, una de las islas que componen la bahía de Cádiz, junto al itsmo de Matagorda  que divide esta en dos. Los españoles construyeron el caño de cortadura, que dividía el itsmo y dificultaba su acceso por tierra.  En la parte más cercana a Cádiz, justo frente a Los puntales, potente batería del puerto gaditano, se encontraba el Fuerte de San Luís o Fort Luis, punto estratégico desde el que los franceses ya bombardearon Cádiz durante la Guerra de la Independencia, en aquella ocasión sin éxito, pues las Cortes reunidas en la Isla de León, en ausencia del rey, proclamaron la primera carta magna de nuestra historia, conocida popularmente con el sobrenombre de “La Pepa”.

En esta ocasión,  casi diez años después, fueron las tropas comandadas por el hijo del rey francés Charles X,  Louis Antoine d’Artois, Duque de Angulema, las que trataron de tomar Cádiz por tierra, comenzando por conquistar el Trocadero, punto estratégico que a buen seguro les permitiría tener el acceso a una Cádiz expedita. Los franceses comenzaron el reconocimiento del terreno a mediados de Julio, mientras los españoles se apostaban raudos a reconstruir las fortificaciones  de Fuerte San Luís y Matagorda, seriamente dañadas desde la anterior contienda.

Plano de Cádiz y la Isla de Trocadero.

Para impedir el avance francés se habían situado en la orilla del canal de la Cortadura, único acceso al istmo, diversos sistemas defensivos que dificultaran un posible avance de la infantería gala, entre ellos diversas líneas de trincheras y montículos dispuestos con artillería.  Sin embargo a finales de agosto los franceses bombardearon las posiciones hispanas, en particular las defensas del Trocadero. La noche del 31 con las bayonetas alzadas y el agua al pecho atravesaron sigilosamente  el canal y accedieron a las primeras líneas de defensa cogiendo por sorpresa a los españoles.

La confusión se adueñó de la posición española y la oscuridad, embarullando unos con otros, provocó un caos que se tornó en tragedia.  El coronel Grases, al mando de la plaza, ordenó la retirada con objeto de recomponer la situación pero entonces los franceses machacaron las enclenques posiciones españolas aprovechándose de las mismas defensas abandonadas, utilizando granadas de mano, aniquilando a la gran mayoría de los que todavía huían. El Fuerte San Luís cayó por la mañana, tras haber perecido muchos en una precipitada  huída hacia Cádiz. Se calcula que los españoles tuvieron alrededor de 300 bajas.  Tomado el fuerte, los franceses procedieron a bombardear Cádiz hasta que esta tuvo que capitular.

Fernando VII engañó nuevamente a los liberales prometiéndoles una paz honrosa que acabó en sangrienta represión una vez que el rey estuvo en la península junto a su primo el Duque de Angulema, jefe del ejército invasor.

Las fuentes y estanques de Trocadero.

La batalla de Trocadero no fue importante a no ser porque los franceses trataron de equipararla a otras de sus grandes victorias históricas con el objetivo de engrandecer  el nombre de su imperio. En realidad no pasó de ser una escaramuza entre regimientos aunque a la postre tuviese un resultado tan negativo para nuestros intereses.

La capitulación de Cádiz significó  diez años más de absolutismo y sufrimiento para el castigado pueblo español. Sin embargo, curiosidades de la historia, la Francia de la Revolución de la libertad homenajea esta victoria que trajo el absolutismo s España con un magnífico espacio verde en pleno corazón de París, los Jardines de Trocadero, unos jardines que pasamos a describir a continuación.

Los Jardines de Trocadero.

LA FUENTE Y LOS JARDINES.

Casi noventa y cuatro mil metros cuadrados es lo que mide el espacio de los Jardines de Trocadero, un espacio verde, lúdico, moderno  y estéticamente agradable que se encuentra al norte del Pont d´Iena y al sur de los dos edificios que conforma el conjunto del Palais Chaillot. Fueron ideados por el Rey Louis XVIII para homenajear a los vencedores de la batalla descrita. En su centro hay un estanque alineado al milímetro con la Torre Eiffel a la que sirve de espejo de plata donde mirarse cada mañana con las primeras luces del sol.

Esculturas de piedra junto a la Fuente de Varsovia.

Aunque los jardines fueron abiertos para embellecer la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1878 (hace ya más de 140 años) no sería hasta la Exposición Universal de 1937 cuando se completó con el enorme caudal de agua que el Ayuntamiento parisino canalizó hasta el lugar. Allí se conformó un espectáculo de una serie de estanques en cascada acompañados de 20 cañones oblicuos de agua que dominan un estanque principal salpicado de 56 chorros verticales de agua. En 1878 se acompañó a estos jardines con un hermoso palacio, el Palacio del Trocadero, de estilo bizantino, que fue también sustituido posteriormente en 1937 por el moderno Palais Chaillot.

Esculturas de piedra en los Jardines del Trocadero.

Alrededor de los estanques, los jardines presentan numerosas obras escultóricas de estilo art déco, como los conjuntos en piedra de Léon-Ernest Drivier y Pierre Poisson, y las estatuas entre las que destacan El hombre, de Pierre Traverse, y La mujer, de Daniel Bacqué. Las fuentes se adornan de esculturas de bronce, como Toro y gamo, de Paul Jouve, o Caballos y perro, de Georges Guyot.

Esculturas en los Jardines de Trocadero. “Caballos y perro”de Georges Guyot, en bronce. “La Mujer”, de Daniel Bacqué, en piedra.

Los jardines de la Plaza Trocadero son de estilo inglés y están poblados por numerosos robles rojos, fresnos, un avellano de Bizancio y su afamada Pterocarya, además de tulipanes americanos.

Pero quizá el mayor de los atractivos de los jardines sea la Fuente Varsovia, diseñada por Roger-Henri Expert, una fuente en la que 20 cañones lanzan chorros de agua, conformando un espectáculo visual muy llamativo.

Así que ya saben, cuando desde la Torre Eiffel observen los Jardines de Trocadero podrán decir que es un pequeño rincón de España en París, aunque sólo sea por el nombre.

Jardines de Trocadero. A la derecha “Toro y gamo”, de Paul Jouve, en bronce.

¿Qué ver en el Barrio Latino de París? (2). De Saint Michel a Saint Séverin.

 

Pont Saint Michel, el inicio de nuestro recorrido.

Nuestro recorrido comienza frente al Pont Saint Michel, en una plaza con forma triangular que, como no podía ser de otro modo, lleva el nombre de Saint Michel, y cuyo elemento principal es una maravillosa fuente en honor al santo. Después tomaremos la Rue de la Huchette en dirección a la Librería Shakespeare&Company, alcanzaremos la Square René Viviane, giraremos a la derecha hacia la Iglesia de Saint Julien-le-Pauvre y finalizaremos esta primera etapa de poco más de quinientos metros de recorrido en la Iglesia de Saint Severin. Aquí pueden ver un mapa con los puntos que visitaremos.

Ruta 1. Saint Michel-Saint Séverin.

 

1.- FONTAINE SAINT MICHEL.

Esta bella fuente surgió casi por casualidad. Después de que el Barón Haussmann derribara algunos edificios de la zona para ampliar las avenidas quedó al descubierto esta gran pared con vistas al Sena. La solución hallada para embellecerla fue un gran acierto. La Fontaine Saint Michel es una fuente de estilo neoclásico que ocupa la altura de seis pisos y tiene en su centro una gran estatua del arcángel San Miguel sometiendo a un demonio bajo el peso de sus pies.  Su espectacularidad llama la atención, pero si quieres conocerla más en profundidad puedes hacerlo en este enlace.

Fontaine Saint Michel, en la plaza del mismo nombre.

 

2.- LIBRERÍA “SHAKESPEARE & COMPANY”.

En la Place Saint Michel nace la Rue de la Hachette, la recorreremos en toda su longitud en dirección este, como si fuéramos a la Catedral de Notre Dame, cruzaremos la Rue du Petit Pont y entraremos en la Rue de la Bûcherie. El lugar que buscamos está justo en el medio de esta calle.

Se trata de una vieja librería con una gran historia detrás. Allí podremos pasar todo el tiempo que queramos hojeando las mesas y estanterías y, en el mejor de los casos, incluso podríamos dormir en ella a cambio de colaborar en el trabajo diario. Por aquí pasaron famosos y cambió de propietario una vez que cerró la primera librería que estaba situada cerca del Odeon.

Estas son algunas de las curiosidades pero aquí, en este enlace, te explico algunas cosas más.

Librería Shakespeare&Company, en Rue de la Bûcherie.

 

3.- SQUARE “RENÉ VIVIANI”.

La Plaza René Viviani está al final de la Rue de la Bûcherie, justo frente a la Catedral de Notre Dame. Es pequeña pero siempre está muy concurrida. Tiene el honor de poseer en su interior al árbol más antiguo de París. Pero lo más llamativo de todo es que está construida sobre un antiguo cementerio merovingio. Aquí puedes conocer toda su historia.

Square René Viviani. Al fondo la Iglesia de Saint-Julien-le-Pauvre. Vista desde la torre sur de la Catedral de Notre Dame.

 

4.- IGLESIA DE SAINT-JULIEN-LE-PAUVRE.

Junto a la Square René Viviani está la reconstruida Iglesia de Saint-Julien-le-pauvre, la iglesia del cementerio del que hablábamos anteriormente. Con más de mil años de historia, la iglesia tuvo multitud de usos, entre ellos fue un granero y un almacén de armas durante la Revolución francesa. Fue reabierta al culto en 1826 y se le asignó al rito católico bizantino griego en 1889.

No es una iglesia que te deslumbrará por su belleza pero sí quizá la valores en su justa medida por su resistencia al paso del tiempo.

Aquí puedes leer más sobre su historia.

Mural iconográfico de Saint Julien le Pauvre que separa el presbiterio del resto de la iglesia.

 

5.- IGLESIA DE SAINT SÉVERIN.

La Iglesia de Saint Séverin es el último paso de esta primera etapa. Está situada frente a la Iglesia de Saint-Julien-le-pauvre desde la que se observan sus bellos y potentes arbotantes que sostienen su bóveda. Para entrar en ella tendremos que rodearla y buscar su torre, lo más preciado del edificio, pues allí se alojan las centenarias campanas de París, las de más antigüedad de la ciudad, datadas en 1412. De trazos románicos y góticos, merece la pena pararse en su interior y dar una vuelta por su deambulatorio rodeado de columnas cinceladas en forma de palmera.

Esto lo puedes ver en este enlace.

La torre-campanario de Saint Severin.

 

En poco más de quinientos metros de recorrido hemos visitado un puente, dos plazas, una fuente, una librería y dos iglesias muy diferentes, o sea, un aperitivo de los que nos queda por descubrir en los próximos días. Mañana nos adentraremos en la “Pequeña Atenas” y nos dirigiremos hacia el sur en busca de universidades, panteones e iglesias. Pero eso será mañana y lo podrás ver aquí.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

 

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Palacio de Luxemburgo, actual sede del Senado francés, está situado en unos terrenos que eran propiedad del duque de Luxemburgo (de ahí su nombre), terrenos que adquirió Maria de Médicis, esposa viuda del rey Henry IV, quien, tras la muerte de éste, sufría por estar lejos de su amada Italia y buscaba un nuevo refugio lejos del palacio real del Louvre.

Es cierto que la propia reina valoró la obra que Salomón de Brosse diseñó y construyó para ella, pero lo que a ella llenó de satisfacción fue el gran jardín, ahora público pero entonces privado, que se plantó para su recreo y sus paseos en soledad.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo, con las torres de la Iglesia de Saint Sulpice al fondo.

Los terrenos de los jardines de Luxemburgo son mas de doscientos treinta mil metros cuadrados adornados con flores, plantas y árboles de todo tipo, estatuas clásicas y renacentistas, pérgolas y fuentes, algunas tan impactante como la que lleva el nombre de la propia reina (Fuente Médicis), una hermosa fuente con estanque que podemos ver en este enlace.

Pero, sobre todo, lo que a ella le satisfacía en su estado melancólico era sentarse junto al Grand Bassin y observar cómo se reflejaban los rayos de sol sobre las ondas del estanque mientras los patos y los pájaros silvestres se posaban a beber de sus aguas. Allí pasaba horas y horas imaginando su Florencia natal.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin es el nombre que tiene este gran estanque que tiene forma octogonal y que está situado justo a los pies de la fachada del palacio que da a los jardines.

El estanque tiene grandes dimensiones, su perímetro está delimitado por un poyete de piedra que lo rodea y que permite a las personas sentarse en él mientras se recrean en el deambular de los barquitos de velas. No es un estanque de gran profundidad, debe estar en torno al medio metro. En el centro hay una fuente de piedra blanca de donde emana el único chorro de agua del recinto. A pocos pasos de dicha fuente, y lejos de las molestias de los humanos, podemos ver también una pequeña caseta donde pueden resguardarse los patos del estanque.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

También tenemos barcos piratas

El Grand Bassin es, sobre todo, un lugar de recreo y descanso. Recreo para los niños y descanso para los mayores.

Los niños se divierten alquilando barcos de vela para hacerlos navegar por el estanque. El sistema es muy rudimentario. Ponemos el barco en el agua y con una pequeña vara le damos un empujón. El aire mueve al barco hacia donde quiere y tú lo persigues hasta que se acerca otra vez a la orilla y vuelves a empujarlo hacia el centro del estanque.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

Un abuelo y un nieto, algo muy común en el Grand Bassin.

Alrededor del Grand Bassin hay varios puestos donde alquilan los barcos de madera. Lo normal es alquilarlo por una media hora y el precio debe estar actualmente en torno a tres euros más o menos.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

La fuente central del Grand Bassin, junto a ella el lugar de refugio de los patos.

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (2): Hipómenes y Atalanta.

 

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Con la estatua del fauno del cabrito sólo pudimos ver una parte de la capacidad escultórica de la Execra norte del Jardín de las Tullerías. En el extremo este de la mima nos encontramos con dos estatuas sobre pedestal que representan a un nuevo mito de la civilización deíctica griega, son las figuras de Hipómenes y Atalanta.

Al igual que la estatua del fauno, estas nuevas representaciones no son las originales, sino copias de otras que se hayan expuestas en el vecino Museo del Louvre. En el museo están instaladas según el sentido natural de la acción de ambos figuras, Hipómenes a la derecha de Atalanta pues el primero quien lanza unas manzanas a la segunda con su mano derecha en dirección a la izquierda.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto. En el Museo del Louvre.

Sin embargo, en la exedra están colocados al revés, es decir, con Hipómenes a la izquierda , mirando hacia el exterior del estanque y con intención de lanzar la manzana hacia fuera y no hacia el camino de Atalanta como ahora vamos a ver en la explicación de mito. Sigue leyendo

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (1): El Fauno del cabrito.

 

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

El Jardín de las Tullerías no sólo es un placentero lugar donde dar un paseo disfrutando de las plantas y los pájaros, es también un lugar cuya tranquilidad y silencio contrasta con el resto de la bulliciosa  ruidosa ciudad. Pero no nos quedemos sólo con esta percepción, en este remanso verde de paz existe un pequeño museo que es, en muchos casos, una muestra de las esculturas que nos vamos a encontrar en el vecino y archiconocido Museo del Louvre.

Entre caminos de tierra y parterres de vegetación podemos tropezarnos con muestras tan bellas como las dos zonas conocidas cono Exedras, la norte y la sur. Son pequeños estanques, rodeados de flores multicolores y de bancos de frío y duro metal donde disfrutar de un descanso fijando nuestra vista en lo que ocurre en el interior de la exedra.

Fauno visto de frente.

Fauno visto de frente.

En el caso de hoy y en el siguiente post vamos a descubrir dos conjuntos escultóricos que podemos ver en la Exedra Norte, nos estamos refiriendo a la escultura del Fauno del Cabrito y a la doble figura de Hipómenes y Atalanta representando el famoso mito griego del que hablaremos en unos días.

Fauno del cabrito.

El Fauno del cabrito, en un extremo de la exedra norte.

La estatua de “Faune au chevreau” es una copia de la original que fue esculpida por Pierre Le Pautre en París en 1685. La original es una pieza de mármol que fue expuesta el Castillo de Marly, posteriormente trasladada al Jardín de las Tullerías en 1744 y finalmente fijada en el Museo del Louvre en 1882, colocándose una copia en su primitivo lugar. Sigue leyendo

La Fontaine du Palmier, en la Plaza de Chatelet.

 

La columna de la Fontaine du Palmier, coronada por la Victoria.

La columna de la Fontaine du Palmier, coronada por la Victoria.

La Fontaine du Palmier (fuente de la palmera) o también llamada Fontaine de la Victoire (fuente de la victoria o del triunfo) es uno de los lugares más reconocibles de todo París. Situada en el centro de la Place du Châtelet, este monumento fue construido por orden del Emperador Napoleón  entre 1806 y 1808. El encargado de levantarla fue el Ingeniero Jefe de los Servicios de Aguas de París, François Jean Bralle.

El sitio estaba destruido como veremos más adelante, razón por la cual Napoleón Bonaparte decidió que éste era un buen lugar para presumir de sus victorias bélicas. Ni corto ni perezoso, allí se levanto una especie de columna trajina donde dejar vestigio de sus hazañas.

La columna de la Fontaine du Palmier, coronada por la Victoria.

La columna de la Fontaine du Palmier, coronada por la Victoria.

La Fuente de la Palmera fue desplazada y aumentado su tamaño en 1855 (ya con Napoleón III en el poder) con la añadidura de un estanque inferior con cuatro esfinges puestas en cuclillas dibujadas por Gabriel Davioud y esculpidas por Henri-Alfred Jacquemart.

La Prudencia, la Templanza, la Justicia y la Fuerza.

La Prudencia, la Templanza, la Justicia y la Fuerza.

La fuente es rodeada por elementos que llevan el nombre de las campañas de Egipto y de Italia.

La Victoria, que es la estatua superior de la columna, que tiende coronas de laurel que domina el monumento es una copia de la obra de Boizot, el original se encuentra ahora una tribuna interior del Museo Carnavalet en el barrio vecino del Marais.

Cuatro figuras alegóricas de piedra, cogiéndose la mano, rodean el tronco, representan la Prudencia, la Templanza, la Justicia y la Fuerza.

Louis Simon Boizot  esculpirá una águila que agarrará una corona de laurel y los cuernos de la abundancia están acabados por picos de delfín de donde brota el agua.

En el zócalo existe una inscripción que indica que en la antigüedad hubo en este lugar una sala donde se parlamentaba y se decidían normas para la ciudad de París, el antepasado del Ayuntamiento parisino.

A pesar de, como decíamos al principio, la Plaza del Chatelet es un punto de encuentro de París, éste no siempre fue así. Ahora es un lugar de esparcimiento, ocio y cruce de caminos.

En la antigüedad fue un reducto defensivo, un apéndice del propio Pont au Change. Veámoslo brevemente.

La Columna vista desde el Pont au Change.

La Columna vista desde el Pont au Change.

En varias ocasiones en este blog hemos hecho referencia a lo expuestos que estaban los parisii a los ataques extranjeros.

En el año 1190 el Rey francés Philippe Auguste II decide ir a combatir junto con las tropas cristianas a la Tercera Cruzada en Tierra Santa. Pero sobre sus hombros pesaba una gran preocupación, la posible invasión, en su ausencia, de la ciudad de París por los vikingos, pueblo bravío que dominaba la costa occidental de Noruega, el sur de la península escandinava, parte de Dinamarca y algunas zonas en Inglaterra y Escocia, un pueblo guerrero que tenía como punto de mira para una futura conquista a la costa francesa y sus ciudades más cercanas.

La Victoria vista desde el Sena.

La Victoria vista desde el Sena.

Previendo esta situación decidió rodear a la ciudad con una fortificación gruesa y resistente. Se estableció fortificar a la ciudad con una muralla de poco más de cinco kilómetros, unos dos mil seiscientos metros en el margen izquierdo del Sena y unos dos mil ochocientos metros en la margen derecha. Tendría unos diez metros de altura y unos tres metros de ancho.

La Fontaine du Palmier vista desde la Tour Saint-Jacques.

La Fontaine du Palmier vista desde la Tour Saint-Jacques.

Dos de los puntos estratégicos estaban situados a orillas del Sena. Uno al norte, donde se halla actualmente el Pont au Change, y otro en el sur en el lugar del Petit Pont.

Las entradas de estos dos puentes estaban ya, y probablemente antes de esa época, defendidas por unos castilletes; uno, el del norte se llamaba el Grand Châtelet, el otro, el del sur, el Petit Châtelet.

El gran Châtelet era una fortaleza casi cuadrada con un patio en el centro y puertas encubiertas. En ambos ángulos había dos torres que custodiaban los arrabales.

El pequeño Châtelet no era, en realidad, más que una puerta, con una estancia en los bajos y dos torres a cada lado.

Reconstruido en piedra después de las incursiones normandas, el gran Châtelet resultó inútil al construirse la fortaleza que hizo erigir Felipe Augusto. El gran Châtelet fue adjudicado, entonces, al Prebostazgo de París, a cargo de la policía y de la justicia criminal, con cárceles y salas de tortura.

La primitiva estatua de la Victoria.

La primitiva estatua de la Victoria.

El Châtelet albergaba 305 prisioneros en mayo de 1783, 350 en mayo de 1790.

Los detenidos y encarcelados en el Châtelet eran considerados como grandes criminales: el 13 de julio de 1789, los amotinados abrieron las puertas de la prisión, pero no quisieron, bajo ningún concepto, atacar al Châtelet y se negaron a liberar a los prisioneros.

Tras haber sido juzgados los primeros acusados del crimen de lesa nación, la corte de justicia del Châtelet se suprimió de acuerdo con una votación llevada a cabo el 25 de agosto de 1790, cesando sus funciones el 24 de enero de 1791. Pero la cárcel, como tal, subsistió.

Después de las Masacres de septiembre (1792), 269 personas fueron detenidas y encarceladas en el Châtelet, de 215 a 220 prisioneros fueron degollados por los amotinados.

Todos eran reconocidos criminales, pero algunos de ellos no habían tomado parte en las conspiraciones aristocráticas.

El pequeño Châtelet fue demolido en 1780 y el gran Châtelet fue destruido en 1806 por orden de Napoleón. Sobre las ruinas del gran Châtelet se construyó la Plaza del Châtelet y el Teatro del Châtelet, que fue inaugurado en 1862.

La Fontaine de la Paix.

 

La Fuente de la Paz. Frontal dedicado a la Ciencia y las Artes.

Entre los Jardines de Luxemburgo y la Iglesia de Saint Sulpice nos encontramos con el Allée du Séminaire que, traducido puede ser llamado como Pasillo del Seminario o Camino del Seminario. Allí se ecuentra la fuente de la que hablaremos hoy, la Fontaine de la Paix.

Aunque actualmente la podemos ver en este lugar, en realidad se construyó para unos menesteres muy concretos y para ocupar un lugar diferente. Esta Fuente de la Paz fue parte de una serie de quince fuentes encargados por Napoleón y realizada hacia 1806-1810 por los arquitectos y escultores Destournelle Caraffe, Voinier, Espercieux y Marqois.

La Fuente de la Paz. Frontal dedicado al Comercio.

En principio el arquitecto Destournelles lo había concebido para ser edificado sobre el sitio del Chatelet a petición de Napoléon para conmemorar el Tratado de Paz de Amiens (1802, Francia e Inglaterra), pero después se colocó en la Place de Saint Sulpice, donde hoy podemos ver la Fuente de los Cuatro Obispos. Sigue leyendo

La Fontaine de la Croix du Trahoir.

 

La Fontaine de la Croix du Trahoir.

La Fontaine de la Croix du Trahoir, o Fuente de la Cruz del Cajón como podríamos traducirlo al español, no es una fuente al uso, es, como dicen los franceses, un chateau d’eau, una fuente con personalidad, capaz de revestir la fachada de un edificio y con mucha, mucha historia detrás de cada piedra.

Se encuentra situada muy cerca del Louvre y del Palacio Real, en la Rue Saint-Honoré, a la altura del número 111, esquina con Rue de l’Arbre Sec, el I° Arrondissement.

La fuente propiamente dicha está colocada en la fachada de la Rue de l´arbre sec.

El lugar fue elegido a conciencia poque esta via era una encrucijada de caminos, tanto norte-sur, como este-oeste. Era lugar de paso para muchas personas que se movían por París de un lugar a otro y en este punto podían abastecerse de agua en un tiempo en que éste era un bien escaso y sólo se podía encontrar en fuentes públicas. Sigue leyendo

La Fontaine Cuvier.

 

La Fontaine Cuvier, en la Rue Linné.

¡Qué mala suerte!, justo cuando me decido ir a ver la Fontaine Cuvier, en la confluencia de la Rue Linné, Rue Lacépéde y Rue Cuvier, me encuentro que ésta está en proceso de restauración.
Pero qué vasmos a hacer estas cosas pasan así que no se asusten hoy a ver estas fotos que no muestran la belleza de esta hermosa fuente situada en frente del Jardin des Plantes y del Museo Nacional de la Historia Natural de París.

El cocodrilo de la fontaine George Cuvier.

La fuente se compone, como pueden ver, de un basamento semicircular de unos tres metros de altura con el remate de una cornisa de estilo dórico y un friso en fondo del follaje sobre el que están, en relieve, las cabezas de un león, un perro, un lobo, un zorro, un buey, un carnero y algunas más. Sigue leyendo