Los viñedos de Montmartre.

 

Viñas de la colina de Montmartre. Recolección a mano en el segundo domingo de octubre, durante la Fiesta de la Vendimia.

Un país tan vitivinícola como Francia no podía dejar a la capital de la República sin una plantación de vides, aunque ésta dé lugar a una de las cosechas más exiguas del mundo. Estamos hablando de los viñedos de Montmartre, una colina que alberga poco más que un séptimo de hectárea (1/7 Ha.), conocida por los parisinos como las “Vignes du Clos Montmartre” y que nos regala cada año alrededor de mil quinientas botellas de un vino que mezcla más de 30 variedades distintas de uva.

La existencia de viñedos en Montmartre es muy larga y más que milenaria. Ya se tiene conocimiento de que en el año 944 existían viñedos en Montmartre. Está datado que, a lo largo del siglo XII, los viñedos fueron plantados por las Damas de la Abadía de Montmartre fundada por una rica dama, Adelaida de Saboya. El empobrecimiento de la abadía la lleva a vender posteriormente sus parcelas de vid.

Viñas de la colina de Montmartre.

En el siglo XVI, los habitantes de Montmartre, una localidad que entonces estaba fuera de las murallas de París, son principalmente viticultores. Las vides crecen desde la cima del Butte hasta las llanuras circundantes. En esta época hacían vino blanco y tinto y el vino de Montmartre era conocido con varios nombres: “Le clos Berthaud”, “La Goutte d’or”, “Le Sacalie”, “La Sauvageonne” o incluso más tarde, “Le Picolo”.

A principios del siglo XVII, en la ubicación actual de Clos-Montmartre, se levanta una cafetería de estilo rural en medio de los viñedos. Su nombre, “El parque de Belle Gabrielle”, nombre que proviene de una casa que perteneció a Gabrielle d’Estrées, amante del rey Henri IV. En el siglo XVIII, la colina está cubierta de viñas y ya los arrabales de París empiezan a acercarse a los pagos de Montmartre.

No más de 2000 metros cuadrados cubren las viñas de Montmartre.

Más tarde, el lugar se convierte principalmente en un terreno baldío, asilo para los vagabundos y el patio de recreo para los niños del vecindario. Cuando Montmartre se anexó a París en 1860, las viviendas se desarrollaron a expensas de ocupar el espacio  del viñedo restante y el artista Aristide Bruant se hizo con el último reducto del viñedo.

A la muerte de Aristide Bruant, la ciudad de París compró el lugar. Estaba previsto construir edificios (estamos en 1930), pero no cuentan con la movilización de los habitantes del distrito que se oponen a estas construcciones. El prefecto de la época los escucha y hace que la tierra no pueda ser edificada.

La colina de los viñedos de Montmartre en primavera.

Después de la desaparición completa de los viñedos en 1928, las viñas de Montmartre se plantaron cinco años después. En 1933, la ciudad de París, en cumplimiento de los deseos de la empresa “El Viejo Montmartre” creó el Clos Montmartre con la plantación de 2000 vides (0,15 hectáreas). El primer festival de la cosecha en 1934, patrocinado por Mistinguett y Fernandel, contó con la presencia del Presidente de la República Albert Lebrun. ¡Pero todavía no había uvas! Así que compraron uvas en el mercado de Les Halles y colgaron los racimos con hilo para que los padrinos puedan cortarlos.

Vista aérea de los viñedos. En la esquina de la Rue Saint-Vincent y la Rue des Saules.

Esta vid hoy incluye las variedades más tradicionales de las provincias de vino Francia, así como una selección de híbridos vigorosos y fértiles. El conjunto está adornado con plantaciones decorativas. Actualmente, hay 30 variedades de uva diferentes, el 70% de estas variedades de uva son viejas. Se reemplazan poco a poco los pies con vides provenientes de Suiza. Desde el año 2016, un enólogo se encarga de este viñedo.

Vino de Clos Montmartre.

El acceso público no está permitido, excepto en ocasiones excepcionales, como el Festival del jardín, organizado cada otoño desde 1980 por el Ayuntamiento de París. Cada año, en octubre, se celebra un festival de la cosecha de Montmartre, con un desfile que reúne a las asociaciones de Montmartre y las hermandades del vino de las provincias invitadas. La cosecha no suele sobrepasar los 2.000 kilos de uva.

Mapa de situación del viñedo de Montmartre, cerca de la Place du Tertre y de la Basílica del Sacre Coeur.

Trocadero, el nombre más español de un jardín parisino.

 

Vista de los Jardines de Trocadero desde la Torre Eiffel.

La foto de arriba es, sin duda, una de las imágenes más icónicas de París.

Cuantos visitantes han subido a la Torre Eiffel (y todos los años somos millones) hemos tenido esta inmensa vista que atraviesa el Sena a través del Pont d´Iena, continua por el inmenso jardín verde que acompaña a los chorros de agua de la Fuente de Varsovia, se detiene en el monumental Palais Chaillot que nos acoge con sus dos brazos abiertos y se aleja por el fondo sobre los edificios modernos del Barrio de La Défense. Pues hoy vamos a hablar un poquito de esta zona verde del centro de la fotografía, cuyo punto de atracción es el agua de las fuentes y supone un espacio de ocio para paseantes y sobre todo, para los amantes de los patines, patinetes y skates y que tiene el sugerente nombre de “los Jardines de Trocadero”.

Pero atendamos un momento a una curiosidad que atañe a la nomenclatura de los lugares de París. En muchos casos, los nombres de las cosas hablan de ellas mismas como un libro abierto, por eso es interesante conocer de dónde proviene, a qué hecho se refiere, a qué personaje o lugar perpetúa en la memoria de la ciudad cada uno de los nombres propios de los rincones de esta ciudad.

Y éste no iba a ser un caso distinto: Trocadero, un nombre español. ¿Saben a qué hace referencia? Vamos a viajar en el tiempo a un lugar, Cádiz, a una fecha, 31 de agosto de 1823 y a una batalla, la Batalla de Trocadero entre el victorioso ejército francés y el heroico ejército liberal español. Lo vamos a ver.

Los Jardines de Trocadero vistos desde el Palais Chaillot.

HISTORIA DE UNA BATALLA.

La batalla de Trocadero fue un enfrentamiento  entre  tropas francesas al mando del Duque de Angulema, conocidas con el sobrenombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y el ejército constitucional y liberal español, aquel que defendía al gobierno legítimo instaurado con la reposición de la Constitución de Cádiz de 1812.

Fue el acto final de dicho gobierno, el canto del cisne del Trienio Liberal, durante el cual Fernando VII hubo de jurar la Constitución (“marchemos todos juntos y yo el primero por la senda constitucional”). La victoria francesa permitió que el rey pudiera salir de la ciudad de Cádiz, en donde se encontraba retenido, para regresar a Madrid como rey absoluto, derogando la Constitución e implantando de nuevo (ya lo había hecho en 1814, cuando Napoleón le permitió regresar a España) su régimen tiránico, retomando de nuevo una feroz represión contra los liberales.

Batalla de Trocadero.

La acción bélica tuvo lugar en El Trocadero, una de las islas que componen la bahía de Cádiz, junto al itsmo de Matagorda  que divide esta en dos. Los españoles construyeron el caño de cortadura, que dividía el itsmo y dificultaba su acceso por tierra.  En la parte más cercana a Cádiz, justo frente a Los puntales, potente batería del puerto gaditano, se encontraba el Fuerte de San Luís o Fort Luis, punto estratégico desde el que los franceses ya bombardearon Cádiz durante la Guerra de la Independencia, en aquella ocasión sin éxito, pues las Cortes reunidas en la Isla de León, en ausencia del rey, proclamaron la primera carta magna de nuestra historia, conocida popularmente con el sobrenombre de “La Pepa”.

En esta ocasión,  casi diez años después, fueron las tropas comandadas por el hijo del rey francés Charles X,  Louis Antoine d’Artois, Duque de Angulema, las que trataron de tomar Cádiz por tierra, comenzando por conquistar el Trocadero, punto estratégico que a buen seguro les permitiría tener el acceso a una Cádiz expedita. Los franceses comenzaron el reconocimiento del terreno a mediados de Julio, mientras los españoles se apostaban raudos a reconstruir las fortificaciones  de Fuerte San Luís y Matagorda, seriamente dañadas desde la anterior contienda.

Plano de Cádiz y la Isla de Trocadero.

Para impedir el avance francés se habían situado en la orilla del canal de la Cortadura, único acceso al istmo, diversos sistemas defensivos que dificultaran un posible avance de la infantería gala, entre ellos diversas líneas de trincheras y montículos dispuestos con artillería.  Sin embargo a finales de agosto los franceses bombardearon las posiciones hispanas, en particular las defensas del Trocadero. La noche del 31 con las bayonetas alzadas y el agua al pecho atravesaron sigilosamente  el canal y accedieron a las primeras líneas de defensa cogiendo por sorpresa a los españoles.

La confusión se adueñó de la posición española y la oscuridad, embarullando unos con otros, provocó un caos que se tornó en tragedia.  El coronel Grases, al mando de la plaza, ordenó la retirada con objeto de recomponer la situación pero entonces los franceses machacaron las enclenques posiciones españolas aprovechándose de las mismas defensas abandonadas, utilizando granadas de mano, aniquilando a la gran mayoría de los que todavía huían. El Fuerte San Luís cayó por la mañana, tras haber perecido muchos en una precipitada  huída hacia Cádiz. Se calcula que los españoles tuvieron alrededor de 300 bajas.  Tomado el fuerte, los franceses procedieron a bombardear Cádiz hasta que esta tuvo que capitular.

Fernando VII engañó nuevamente a los liberales prometiéndoles una paz honrosa que acabó en sangrienta represión una vez que el rey estuvo en la península junto a su primo el Duque de Angulema, jefe del ejército invasor.

Las fuentes y estanques de Trocadero.

La batalla de Trocadero no fue importante a no ser porque los franceses trataron de equipararla a otras de sus grandes victorias históricas con el objetivo de engrandecer  el nombre de su imperio. En realidad no pasó de ser una escaramuza entre regimientos aunque a la postre tuviese un resultado tan negativo para nuestros intereses.

La capitulación de Cádiz significó  diez años más de absolutismo y sufrimiento para el castigado pueblo español. Sin embargo, curiosidades de la historia, la Francia de la Revolución de la libertad homenajea esta victoria que trajo el absolutismo s España con un magnífico espacio verde en pleno corazón de París, los Jardines de Trocadero, unos jardines que pasamos a describir a continuación.

Los Jardines de Trocadero.

LA FUENTE Y LOS JARDINES.

Casi noventa y cuatro mil metros cuadrados es lo que mide el espacio de los Jardines de Trocadero, un espacio verde, lúdico, moderno  y estéticamente agradable que se encuentra al norte del Pont d´Iena y al sur de los dos edificios que conforma el conjunto del Palais Chaillot. Fueron ideados por el Rey Louis XVIII para homenajear a los vencedores de la batalla descrita. En su centro hay un estanque alineado al milímetro con la Torre Eiffel a la que sirve de espejo de plata donde mirarse cada mañana con las primeras luces del sol.

Esculturas de piedra junto a la Fuente de Varsovia.

Aunque los jardines fueron abiertos para embellecer la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1878 (hace ya más de 140 años) no sería hasta la Exposición Universal de 1937 cuando se completó con el enorme caudal de agua que el Ayuntamiento parisino canalizó hasta el lugar. Allí se conformó un espectáculo de una serie de estanques en cascada acompañados de 20 cañones oblicuos de agua que dominan un estanque principal salpicado de 56 chorros verticales de agua. En 1878 se acompañó a estos jardines con un hermoso palacio, el Palacio del Trocadero, de estilo bizantino, que fue también sustituido posteriormente en 1937 por el moderno Palais Chaillot.

Esculturas de piedra en los Jardines del Trocadero.

Alrededor de los estanques, los jardines presentan numerosas obras escultóricas de estilo art déco, como los conjuntos en piedra de Léon-Ernest Drivier y Pierre Poisson, y las estatuas entre las que destacan El hombre, de Pierre Traverse, y La mujer, de Daniel Bacqué. Las fuentes se adornan de esculturas de bronce, como Toro y gamo, de Paul Jouve, o Caballos y perro, de Georges Guyot.

Esculturas en los Jardines de Trocadero. “Caballos y perro”de Georges Guyot, en bronce. “La Mujer”, de Daniel Bacqué, en piedra.

Los jardines de la Plaza Trocadero son de estilo inglés y están poblados por numerosos robles rojos, fresnos, un avellano de Bizancio y su afamada Pterocarya, además de tulipanes americanos.

Pero quizá el mayor de los atractivos de los jardines sea la Fuente Varsovia, diseñada por Roger-Henri Expert, una fuente en la que 20 cañones lanzan chorros de agua, conformando un espectáculo visual muy llamativo.

Así que ya saben, cuando desde la Torre Eiffel observen los Jardines de Trocadero podrán decir que es un pequeño rincón de España en París, aunque sólo sea por el nombre.

Jardines de Trocadero. A la derecha “Toro y gamo”, de Paul Jouve, en bronce.

La “Square de l´Île-de-France”.

 

Plano de Paris de 1771

Plano de Paris de 1771

Hace ya algunos meses escribimos acerca de la Plaza Juan XXIII, una plaza que está justo detrás de la Catedral de Notre Dame. La Île de la Cité ha sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos, uno de ellos, quizá el más importante es el crecimiento de la misma por su esquina sureste, justo detrás de la catedral. A esta zona, ahora mismo ajardinada, se le llama Square de l´Île-de-France. En este plano de 1771 lo podemos distinguir a la derecha abajo.

Zona ajardinada de l´Île-de-France

Zona ajardinada de la Square de l´Île-de-France

El crecimiento artificial de esta parte de la isla se va produciendo progresivamente. De hecho, en el siglo XIV, la tierra es conocida como “Motte-aux-Papelards” que puede ser traducido como “tierra con rellenos”, porque son los escombros y la basura acumulada durante y después de la construcción de la catedral de Notre Dame los que se acumulan en este punto junto al río.

Pero abundemos por un momento en la palabra francesa “papelards”, un término muy rico desde el punto de vista semántico y que, por tanto, puede tomar otros significados, con lo que, a esta zona,  el vulgo les atribuyó con el tiempo los apodos de “el terrón de los santurrones o el terrón de los hipócritas”.

En 1687, existía un primer jardín cuyo acceso sólo estaba reservado a los hombres y era parte del recinto de los canónigos de la catedral.

Square Île-de-France

Square de l’Ile-de-France

Bajo el Segundo Imperio , en 1868 , Haussmann hace construir allí la morgue de la capital. El edificio que se construye se parece a un pequeño templo griego.

Actualmente este espacio verde está junto al Memorial de los Mártires de la Deportación, construidos entre 1954 y 1964 del que hablaremos más adelante. Allí un sauce llorón está dedicado a las víctimas del nazismo.

La zona está normalmente bastante concurrida con turistas, músicos que se quieren ganar algunos euros y parejas que muestran su amor entre los parterres y las flores.

El monumento a Édouard Branly, el precursor del mando a distancia.

 

El monumento a Édouard Branly, en una de las glorietas de los jardines de Luxemburgo.

El monumento a Édouard Branly, en una de las glorietas de los jardines de Luxemburgo.

Los jardines del Palacio de Luxemburgo son de una riqueza paisajística digna de disfrutar. Árboles, setos, plantas, flores, fuentes, lagos, en cada rincón de los jardines nos encontramos algún elemento que nos llama la atención. Pero a esta belleza también ayuda la gran cantidad de estatuas y monumentos que nos encontramos mientras paseamos disfrutando del paisaje.

Uno de ellos es el monumento que se le dedicó a uno de los más célebres científicos que dio el siglo XIX francés, Édouard Branly. Lo podemos ver junto a la entrada al parque por la Rue Guynemer, frente a la Rue de Fleurus.

El monumento de Édouard Branly, visto desde atrás.

El monumento de Édouard Branly, visto desde atrás.

Es un monumento donde predomina la verticalidad, con un tronco de base cuadrada en cuyas caras están escritos los méritos contraídos por el científico y gráficamente se presentan algunos de sus inventos. En la parte superior podemos ver el busto del personaje representado con una edad avanzada.

Pero, para aquellos que no lo conozcan, aquí os presento una breve reseña de su vida y de sus méritos.

Édouard Brandly.

Édouard Brandly.

Édouard Branly nació enAmiens en 1844  y murió en París noventa y seis años después, en 1940.  Fue un eminente físico y médico francés. Perteneciente a una familia de profundas creencias religiosas, su padre, maestro de escuela, fue trasladado a Saint Quentin cuando Édouard contaba un año de edad. En contra de los deseos paternos, realizó estudios de ciencias en el Liceo de esta localidad, y se trasladó a París para completarlos. Se inscribió en el Lycée Impérial Napoléon, actual Liceo Henri IV. Tras ser rechazado en 1864 por la École Polytechnique, realizó sus estudios superiores en la École Normale Supérierure, donde en 1868 alcanzó la licenciatura en ciencias.

El monumento a Édouard Branly.

El monumento a Édouard Branly.

Su primer puesto docente fue en el Liceo Imperial de Bourges, y pocos meses más tarde fue elegido jefe de laboratorios de La Sorbonne. En 1869 publicó su primer artículo en la Accadémie des Sciences, que versó sobre la radiación solar. La dificultad de emprender investigaciones mínimamente válidas en un laboratorio mal equipado, unido a las tensiones tanto personales como religiosas que surgieron entre él y su director, propició su abandono de La Sorbonne por un puesto de profesor en el Instituto Católico, mejor remunerado y con un laboratorio mejor equipado.

Sin embargo, el sueldo que recibía distaba de ser el suficiente para poder dedicarse por entero a sus investigaciones. Bajo cierta presión familiar, y con una gran dosis de curiosidad científica, emprendió en 1877 estudios de medicina. Estos estudios los compaginó con una investigación sistemática sobre la variación de conductibilidad de las sustancias aislantes y la emisión de electrones por parte de los cuerpos incandescentes, a la vez que continuaba impartiendo clases de física en el Instituto.

El monumento a Édouard Branly.

El monumento a Édouard Branly.

Sus investigaciones fueron colmadas con éxito en 1890 al descubrir el cohesor, una especie de tubo de vidrio lleno de limaduras metálicas que permitía recoger las ondas hertzianas a largas distancias. Este aparato, que no patentó, fue utilizado por Marconi en su invención de la telegrafía sin cables. Ejerció la medicina con cierto éxito, y fue precursor de las técnicas de electroterapia.

En su laboratorio continuó desarrollando detectores de ondas hertzianas, hasta tal punto que se le considera el pionero en los sistemas de telemando. El reconocimiento publico por su labor en las telecomunicaciones le llegó el año 1911 con su elección como miembro de la Accadémie des Sciences, nombramiento que se vio envuelto en una viva y pública polémica, pues su oponente era Marie Curie.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

 

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Palacio de Luxemburgo, actual sede del Senado francés, está situado en unos terrenos que eran propiedad del duque de Luxemburgo (de ahí su nombre), terrenos que adquirió Maria de Médicis, esposa viuda del rey Henry IV, quien, tras la muerte de éste, sufría por estar lejos de su amada Italia y buscaba un nuevo refugio lejos del palacio real del Louvre.

Es cierto que la propia reina valoró la obra que Salomón de Brosse diseñó y construyó para ella, pero lo que a ella llenó de satisfacción fue el gran jardín, ahora público pero entonces privado, que se plantó para su recreo y sus paseos en soledad.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo, con las torres de la Iglesia de Saint Sulpice al fondo.

Los terrenos de los jardines de Luxemburgo son mas de doscientos treinta mil metros cuadrados adornados con flores, plantas y árboles de todo tipo, estatuas clásicas y renacentistas, pérgolas y fuentes, algunas tan impactante como la que lleva el nombre de la propia reina (Fuente Médicis), una hermosa fuente con estanque que podemos ver en este enlace.

Pero, sobre todo, lo que a ella le satisfacía en su estado melancólico era sentarse junto al Grand Bassin y observar cómo se reflejaban los rayos de sol sobre las ondas del estanque mientras los patos y los pájaros silvestres se posaban a beber de sus aguas. Allí pasaba horas y horas imaginando su Florencia natal.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

El Grand Bassin es el nombre que tiene este gran estanque que tiene forma octogonal y que está situado justo a los pies de la fachada del palacio que da a los jardines.

El estanque tiene grandes dimensiones, su perímetro está delimitado por un poyete de piedra que lo rodea y que permite a las personas sentarse en él mientras se recrean en el deambular de los barquitos de velas. No es un estanque de gran profundidad, debe estar en torno al medio metro. En el centro hay una fuente de piedra blanca de donde emana el único chorro de agua del recinto. A pocos pasos de dicha fuente, y lejos de las molestias de los humanos, podemos ver también una pequeña caseta donde pueden resguardarse los patos del estanque.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

También tenemos barcos piratas

El Grand Bassin es, sobre todo, un lugar de recreo y descanso. Recreo para los niños y descanso para los mayores.

Los niños se divierten alquilando barcos de vela para hacerlos navegar por el estanque. El sistema es muy rudimentario. Ponemos el barco en el agua y con una pequeña vara le damos un empujón. El aire mueve al barco hacia donde quiere y tú lo persigues hasta que se acerca otra vez a la orilla y vuelves a empujarlo hacia el centro del estanque.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

Un abuelo y un nieto, algo muy común en el Grand Bassin.

Alrededor del Grand Bassin hay varios puestos donde alquilan los barcos de madera. Lo normal es alquilarlo por una media hora y el precio debe estar actualmente en torno a tres euros más o menos.

El Grand Bassin de los Jardines de Luxemburgo.

La fuente central del Grand Bassin, junto a ella el lugar de refugio de los patos.

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (2): Hipómenes y Atalanta.

 

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Frente a la estatua del fauno nos encontramos otras dos, Hipómenes y Atalanta.

Con la estatua del fauno del cabrito sólo pudimos ver una parte de la capacidad escultórica de la Execra norte del Jardín de las Tullerías. En el extremo este de la mima nos encontramos con dos estatuas sobre pedestal que representan a un nuevo mito de la civilización deíctica griega, son las figuras de Hipómenes y Atalanta.

Al igual que la estatua del fauno, estas nuevas representaciones no son las originales, sino copias de otras que se hayan expuestas en el vecino Museo del Louvre. En el museo están instaladas según el sentido natural de la acción de ambos figuras, Hipómenes a la derecha de Atalanta pues el primero quien lanza unas manzanas a la segunda con su mano derecha en dirección a la izquierda.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto.

Hipómenes, de Guillaume Coustou, a la izquierda. Atalanta de Pierre Lepautre, a la derecha de la foto. En el Museo del Louvre.

Sin embargo, en la exedra están colocados al revés, es decir, con Hipómenes a la izquierda , mirando hacia el exterior del estanque y con intención de lanzar la manzana hacia fuera y no hacia el camino de Atalanta como ahora vamos a ver en la explicación de mito. Sigue leyendo

La Exedra Norte del Jardín de las Tullerías (1): El Fauno del cabrito.

 

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

Vista general de la Exedra Norte vista desde el oeste con la figura de Fauno de espaldas en primer plano.

El Jardín de las Tullerías no sólo es un placentero lugar donde dar un paseo disfrutando de las plantas y los pájaros, es también un lugar cuya tranquilidad y silencio contrasta con el resto de la bulliciosa  ruidosa ciudad. Pero no nos quedemos sólo con esta percepción, en este remanso verde de paz existe un pequeño museo que es, en muchos casos, una muestra de las esculturas que nos vamos a encontrar en el vecino y archiconocido Museo del Louvre.

Entre caminos de tierra y parterres de vegetación podemos tropezarnos con muestras tan bellas como las dos zonas conocidas cono Exedras, la norte y la sur. Son pequeños estanques, rodeados de flores multicolores y de bancos de frío y duro metal donde disfrutar de un descanso fijando nuestra vista en lo que ocurre en el interior de la exedra.

Fauno visto de frente.

Fauno visto de frente.

En el caso de hoy y en el siguiente post vamos a descubrir dos conjuntos escultóricos que podemos ver en la Exedra Norte, nos estamos refiriendo a la escultura del Fauno del Cabrito y a la doble figura de Hipómenes y Atalanta representando el famoso mito griego del que hablaremos en unos días.

Fauno del cabrito.

El Fauno del cabrito, en un extremo de la exedra norte.

La estatua de “Faune au chevreau” es una copia de la original que fue esculpida por Pierre Le Pautre en París en 1685. La original es una pieza de mármol que fue expuesta el Castillo de Marly, posteriormente trasladada al Jardín de las Tullerías en 1744 y finalmente fijada en el Museo del Louvre en 1882, colocándose una copia en su primitivo lugar. Sigue leyendo

Los jardines sobre los muros.

 

Jardín sobre el muro de un edificio.

Jardín sobre el muro de un edificio. En la esquina de la Rue d´Aboukir con Rue de Cléry (75002).

Hace más de un año escribimos un post haciéndonos eco de una de las iniciativas más populares que había puesto en marcha la alcaldesa parisina Anne Hidalgo. Nos estamos refiriendo a los presupuestos participativos, una forma de que sea el propio pueblo parisino el que tome decisiones sobre cómo gastar su dinero y a qué actividad dedicarlo. Para aquellos que estén interesados en conocer este proyecto más a fondo pueden enlazar con esta dirección: Los presupuestos participativos de París.

Twitter oficial de la alcaldesa Anne Hidalgo.

Twitter oficial de la alcaldesa Anne Hidalgo.

Pero volvamos al tema principal. Resulta que entre todos los proyectos que se presentaron y que fueron votados por los ciudadanos de cada uno de los barrios de la ciudad, el que más votos obtuvo (21.319) fue el que, en francés, se llamaba “Des jardins sur les murs”, o sea, el proyecto de crear jardines sobre los muros de los edificios. Sigue leyendo

Una extraña figura en el Jardín de las Tullerías.

“Standing Figure”, de Willem de Kooning.

Seguro que en alguna ocasión, al visitar algún monumento, edificio o jardín habéis tenido una sensación extraña, una desazón que te lleva a negar lo evidente. ¿Cuántas veces nos hemos dicho “esto no debería estar aquí”? o más directamente aún ¿qué hace esto aquí?

Es evidente que yo no soy una persona docta ni en escultura moderna, ni en jardinería, ni en decoración o diseño de parques y espacios verdes, pero sí puedo asegurar que, cuando vi por primera vez la figura de la foto en el Jardín de las Tullerías (que no se trata de un parque de Bercy o de Ménilmontant, que es el Jardín de las Tullerías, un jardín que durante siglos fue jardín real) se me cayeron los palos del sombrajo, vamos que me quedé más pensativo que Rodin cuando esculpió su célebre pensador.

“Standing Figure”, de Willem de Kooning.

Tal como indica una baldosa informativa junto al pasillo cercano a la escultura, la obra lleva el sugerente título de “Standing Figure” que se puede traducir por “Figura que permanece de pie” y fue realizada por uno de los magos de la escultura moderna, el holandés Willem de KooningSigue leyendo

“Le Chevalier de la Barre”, una estatua en Montmartre.

 

La Basílica del Sacre Coeur, sobre la colina de Montmartre.

La Basílica del Sacre Coeur, sobre la colina de Montmartre.

La primera vez que pisé Montmarte subí hasta la colina del Sacre Coeur con la intención de conocer la Basílica y, como no podía ser de otro modo, a disfrutar de las excepcionales vista de París que se nos ofrecen desde allí, eso sí, siempre que la niebla no lo impida.

Lo común de cualquier visitante atento a las guías al uso (y así también hice yo) es, una vez examinada la bellísima basílica consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, dirigirse hacia la cercana Place du Tertre (“Plaza del Montecillo”) donde están apostados pintores, dibujantes y artistas en general que quieren vender sus obras. Por cierto, recomiendo una vuelta concienzuda porque hay algunos extraordinarios.

Por esta razón, justo al salir de la Basílica del Sacre Coeur me dirigí hacia la derecha por la Rue Azais bordeando un edificio con un muro bastante alto construido en piedra adoquinada. Al final de éste, en la acera de enfrente se contrapone un pequeño y sombrío jardín con cuidado césped y algunos arbustos de poca estatura. Es la Square Nadar.

La Place du Tertre.

La Place du Tertre.

En el centro, y sobre un pedestal de granito hay una estatua, que si no nos fijamos en ella, puede pasarnos desapercibida. A esta estatua en concreto nos vamos a referir en este post.

La estatua actual es la segunda que se erige en el mismo lugar y, ambas, representaban a Jean François Lefebvre, el “Chevalier de la Barre”, cuyo título traducido viene a ser algo así como el Caballero de la Barra.

Nos toca ahora contar la desgraciada historia de este joven caballero que murió a los 19 años gracias a la intransigencia religiosa de su época.

El monumento al Chevalier de la Barre.

El monumento al Chevalier de la Barre.

El Chevalier de la Barre nació en el Castillo de Férolles-en-Brie en 1746. A los dieciseis años, huerfano de padre y madre, se cambia de domicilio y se va a vivir a Abbeville con su tia a la abadía de Willancourt. Su padre había dilapidado la una inmensa fortuna heredada del abuelo que fue general de los ejércitos franceses.

Allí vivió forzado a seguir las directrices religiosas de su tía y, quizá, debido a esto, almacenaba en su interior un sentimiento anticlerical y librepensador que fue lo que le trajo, posteriormente, problemas con la sociedad profundamente religiosa que imperaba en Francia a mediados del siglo XVIII.

En 1765, cuando el Chevalier contaba la edad de 19 años, en la ciudad de Abbeville, donde residía, hubo un “intento de destrucción” de una imagen, esculpida en madera, de Jesucristo en la cruz. Esta imagen estaba apostada sobre uno de los puentes de la ciudad.

Ya el alguacil encargado de las pesquisas policiales, en su informe, señaló que esta imagen “había sido reducida drásticamente en varios lugares por algún instrumento dañino, produciendo destrozos en la pierna derecha y en el estómago”.

La conmoción en la ciudad fue grande y las fuerzas públicas y religiosas, lideradas por el Obispo de Amiens, quieren buscar culpables para que paguen la blasfemia que se había llevado a cabo.

Pero, ¿quién cometió el sacrilegio?. No hay pruebas, pero sí rumores. Los sacerdotes incitan a la delación y el pueblo se enciende cada vez más. Finalmente, la investigación queda en manos de la policía de Abbeville, quienes no dudan en utilizar métodos de tortura para recoger falsos testimonios y falsas pruebas.

El monumento al Chevalier de la Barre.

El monumento al Chevalier de la Barre.

En estos métodos participa Belleval, teniente de tribunal electo, un enemigo personal de la abadesa de Willancourt por negarse ésta a pretensiones económicas del otro.

Intimidadas algunas personas y, sabiendo hacia dónde quería dirigir los interrogatorios el teniente Belleval, éstas no dudan en acusar a tres jóvenes, Etallonde de Gaillard, el señorito Moisnel y Jean François, Chevalier de la Barre, de cantar canciones obscenas y libertinas, y, sobre todo, acusan a éste último de no quitarse el sombrero al paso de una procesión religiosa, y de hacerlo por dos veces. Insisten que, también incurren en la falta de no arrodillarse al paso de las imágenes.

Lanzado el señuelo, el teniente registra la habitación del Chevalier de la Barre y encuentra allí uno de los libros más renombrados de la Ilustración francesa, el Diccionario Filosófico de Voltaire y algunos libros eróticos.

El teniente aporta las pruebas y el Obispo de Amiens quiere tomar esta situación para imponer un castigo ejemplarizante.

Las influencias de la abadesa, de periodistas, e, incluso, de Voltaire sobre el Parlamento en París no dieron sus frutos, es más, agravaron la condena, porque lo que había sido primero un castigo de destierChevalier de la Barre (2)ro a galeras, fue conmutado a pena de muerte en la hoguera. La súplica al Rey no tuvo ningún efecto.

En sus últimos días, el Chevalier de la Barre, primero es condenado a sufrir torturas para denunciar a sus cómplices y reconocer sus delitos y, antes de ser decapitado y quemado en la hoguera, le cortan la lengua y los puños, pero no lograron arrancarle ni un nombre ni una autoinculpación.

Sus últimas palabras fueron: “Je ne croyais pas qu’on pût faire mourir un gentilhomme pour si peu de chose”, (“Yo no creo que deba morir un hombre por hacer tan poco”). Tan sólo tenía 19 años. Su delito, no quitarse el sombrero al pasar la procesión. Murió el 1 de Julio de 1766.

 

De los otros dos jóvenes, nada se hizo, Moisnel tenía 15 años y se decidió absolverlo. Voltaire si pudo obtener el perdón para Etallonde de Gaillard, quien huyó a Holanda.

El caso del Chevalier de la Barre fue utilizado por Voltaire y la Ilustración francesa como ariete contra la arbitrariedad de la justicia del Rey y contra el radicalismo de la jerarquía eclesiástica.

Antiguo monumento al Chevalier de la Barre.

Antiguo monumento al Chevalier de la Barre.

Pero no todo quedó aquí, en 1793, tras la Revolución Francesa, la Convención rehabilitó la figura del Chevalier de la Barre.

Un siglo después, en 1897, una comisión de librepensadores decidieron erigir una estatua al Chevalier junto a la Basílica del Sacre Coeur. Y así se hizo.

El gobierno de Vichy, en 1941, con la escusa de que necesitaba metal para la guerra, la retiró, pero no fue capaz de fundir estatuas de Reyes ni Emperadores. Aquí a la izquierda podemos ver la imagen de la primitiva estatua tomada de una postal de la época.

Actualmente, en el mismo sitio, hay una estatua que se erigió en el año 2001, el 24 de Febrero. El nombre del Chevalier de la Barre da lugar a innumerables asociaciones por toda Francia de tipo anticlerical y librepensadora.

Finalmente, tras indagaciones posteriores, se descubrió que la degradación del crucifijo fue causada por el accidente de un carro cargado de madera que pasaba por el puente donde éste se encontraba.

Así era la justicia del Rey y la eclesiástica en el siglo XVIII, capaz de condenar a muerte a un joven de 19 años por el único motivo de no retirarse el sombrero, de no saludar una procesión católica que pasaba delante de él.

¡Qué Dios te acoja en su seno, Jean-François!

El pueblo de París también le dedicó una calle que está a pocos pasos de la estatua, justo a la espalda de la Basílica del Sacre Coeur y a la derecha de la Iglesia de Saint Pierre de Montmartre. Próximamente os hablaré de ella, os aseguro que os sorprenderéis. Este es el enlace.

Mapa de situación del monumento a Le Chevalier de la Barre.