El monumento a Édouard Branly, el precursor del mando a distancia.

 

El monumento a Édouard Branly, en una de las glorietas de los jardines de Luxemburgo.

El monumento a Édouard Branly, en una de las glorietas de los jardines de Luxemburgo.

Los jardines del Palacio de Luxemburgo son de una riqueza paisajística digna de disfrutar. Árboles, setos, plantas, flores, fuentes, lagos, en cada rincón de los jardines nos encontramos algún elemento que nos llama la atención. Pero a esta belleza también ayuda la gran cantidad de estatuas y monumentos que nos encontramos mientras paseamos disfrutando del paisaje.

Uno de ellos es el monumento que se le dedicó a uno de los más célebres científicos que dio el siglo XIX francés, Édouard Branly. Lo podemos ver junto a la entrada al parque por la Rue Guynemer, frente a la Rue de Fleurus.

El monumento de Édouard Branly, visto desde atrás.

El monumento de Édouard Branly, visto desde atrás.

Es un monumento donde predomina la verticalidad, con un tronco de base cuadrada en cuyas caras están escritos los méritos contraídos por el científico y gráficamente se presentan algunos de sus inventos. En la parte superior podemos ver el busto del personaje representado con una edad avanzada.

Pero, para aquellos que no lo conozcan, aquí os presento una breve reseña de su vida y de sus méritos.

Édouard Brandly.

Édouard Brandly.

Édouard Branly nació enAmiens en 1844  y murió en París noventa y seis años después, en 1940.  Fue un eminente físico y médico francés. Perteneciente a una familia de profundas creencias religiosas, su padre, maestro de escuela, fue trasladado a Saint Quentin cuando Édouard contaba un año de edad. En contra de los deseos paternos, realizó estudios de ciencias en el Liceo de esta localidad, y se trasladó a París para completarlos. Se inscribió en el Lycée Impérial Napoléon, actual Liceo Henri IV. Tras ser rechazado en 1864 por la École Polytechnique, realizó sus estudios superiores en la École Normale Supérierure, donde en 1868 alcanzó la licenciatura en ciencias.

El monumento a Édouard Branly.

El monumento a Édouard Branly.

Su primer puesto docente fue en el Liceo Imperial de Bourges, y pocos meses más tarde fue elegido jefe de laboratorios de La Sorbonne. En 1869 publicó su primer artículo en la Accadémie des Sciences, que versó sobre la radiación solar. La dificultad de emprender investigaciones mínimamente válidas en un laboratorio mal equipado, unido a las tensiones tanto personales como religiosas que surgieron entre él y su director, propició su abandono de La Sorbonne por un puesto de profesor en el Instituto Católico, mejor remunerado y con un laboratorio mejor equipado.

Sin embargo, el sueldo que recibía distaba de ser el suficiente para poder dedicarse por entero a sus investigaciones. Bajo cierta presión familiar, y con una gran dosis de curiosidad científica, emprendió en 1877 estudios de medicina. Estos estudios los compaginó con una investigación sistemática sobre la variación de conductibilidad de las sustancias aislantes y la emisión de electrones por parte de los cuerpos incandescentes, a la vez que continuaba impartiendo clases de física en el Instituto.

El monumento a Édouard Branly.

El monumento a Édouard Branly.

Sus investigaciones fueron colmadas con éxito en 1890 al descubrir el cohesor, una especie de tubo de vidrio lleno de limaduras metálicas que permitía recoger las ondas hertzianas a largas distancias. Este aparato, que no patentó, fue utilizado por Marconi en su invención de la telegrafía sin cables. Ejerció la medicina con cierto éxito, y fue precursor de las técnicas de electroterapia.

En su laboratorio continuó desarrollando detectores de ondas hertzianas, hasta tal punto que se le considera el pionero en los sistemas de telemando. El reconocimiento publico por su labor en las telecomunicaciones le llegó el año 1911 con su elección como miembro de la Accadémie des Sciences, nombramiento que se vio envuelto en una viva y pública polémica, pues su oponente era Marie Curie.

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La Fontaine de la Paix.

 

La Fuente de la Paz. Frontal dedicado a la Ciencia y las Artes.

Entre los Jardines de Luxemburgo y la Iglesia de Saint Sulpice nos encontramos con el Allée du Séminaire que, traducido puede ser llamado como Pasillo del Seminario o Camino del Seminario. Allí se ecuentra la fuente de la que hablaremos hoy, la Fontaine de la Paix.

Aunque actualmente la podemos ver en este lugar, en realidad se construyó para unos menesteres muy concretos y para ocupar un lugar diferente. Esta Fuente de la Paz fue parte de una serie de quince fuentes encargados por Napoleón y realizada hacia 1806-1810 por los arquitectos y escultores Destournelle Caraffe, Voinier, Espercieux y Marqois.

La Fuente de la Paz. Frontal dedicado al Comercio.

En principio el arquitecto Destournelles lo había concebido para ser edificado sobre el sitio del Chatelet a petición de Napoléon para conmemorar el Tratado de Paz de Amiens (1802, Francia e Inglaterra), pero después se colocó en la Place de Saint Sulpice, donde hoy podemos ver la Fuente de los Cuatro Obispos. Sigue leyendo

“El Actor griego”.

 

La escultura de “El actor griego” están en los Jaedines de Luxemburgo próximo a la puerta de acceso por la Place Edmond Rostand (el autor de “Cyrano de Bergerac”). Al fondo se ve la Rue Soufflot, coronada por el Pantheon.

“El actor griego”, o mejor dicho “I’acteur grec”, que fue el nombre que le adjudicó su autor, es una estatua realizada en bronce que está situada en los Jardines de Luxemburgo, en pleno pulmón verde del VI arrondisement de París (el París seis, que es como le llaman los parisinos).

Si hoy decido traerlo a este blog no es porque sea una maravilla de escultura digna de museo, aunque tiene su valor artístico sin duda, sino porque desde esta posición que tenemos en la foto hay una vista muy sugerente donde el clasicismo griego y romano se hace particularmente manifiesto. Sigue leyendo

La Fuente Medicis en los Jardines de Luxemburgo.

 

La Fuente Medicis.

La Fuente Medicis.

Uno de los paseos más agradables que realizan los parisinos pasa por el interior de los Jardines del Palacio de Luxemburgo. Estos jardines son un remanso de paz y un verdadero pulmón verde dentro de la urbe parisina. Es una verdadera belleza, muy elegante y de estilo muy francés.

También es cita obligatoria para parejas de enamorados que deambulan entre la multitud de estatuas y esculturas que cubren las veinticinco hectáreas de los jardines del palacio. Sigue leyendo