La Rue Mouffetard.

 

Le Vieux Bistrot.

Lo siento a quien le pese pero tengo debilidad por la Rue Mouffetard, es mi calle preferida de París, un lugar donde me siento cómodo y, a pesar de su bullicio o quizá debido a eso, una via que ejerce cierto magnetismo sobre mi persona.

La Rue Mouffetard es una calle larga y suficientemente estrecha para que no haya un gran movimiento de vehículos a lo lardo de  ella. Nace a continuación de la Rue Descartes en el cruce con la Rue Thouin, recorre un largo trecho junto a lo que es el lugar donde estaba situada la antigua muralla del Rey Philippe Auguste y finaliza en cuesta abajo junto a la Iglesia de Saint Médard y al mercado del mismo nombre.

Le Jardin d´Artemis.

Justo en el centro de la misma, en el cruce con la Rue Lacépède nos encontramos con la Place de la Contrescarpe, un rincón con sabor propiamente parisino y que tuve la oportunidad de describir en este post. Sigue leyendo

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La Rue du Pot-de-Fer.

 

La Rue du Pot-de Fer, en el Quartier Latin, Val-de-Grace.

La Rue du Pot-de-Fer, cuyo nombre puede ser traducido por la Calle de la Olla de Hierro o la Calle del Pote de Hierro, es una calle relativamente corta, de unos 170 metros de longitud, en pleno Quartier Latin, cuyos inicios y final están en la famosa Rue Mouffetard por el oeste y la menos conocida Rue Lhomond por el este.

La Rue Mouffetard, cuyo corazón se encuentra en la Place de la Contrescarpe a la que ya nos referimos en este post, es una calle comercial cuyos establecimientos, en un porcentaje muy alto, están dedicados a la restauración, con ejemplos de las comidas más variopintas del mundo.

La Rue du Pot-de Fer, vista desde la Rue Mouffetard.

La Rue du Pot-de-Fer, tiene su esquina junto al número 58 de la Rue Mouffetard, esquina donde se puede distinguir una antigua fuente de abastecimiento público de aguas. Con esto qué quiero decir, pues que, al estar tan unida a Mouffetard, casi se convierte en un apéndice culinario de ésta. Sigue leyendo

La muralla del Rey Philippe Auguste.

 

Enceinte Philippe Auguste 1223.

En el año 1190 el Rey francés Philippe Auguste II decide ir a combatir junto con las tropas cristianas a la Tercera Cruzada en Tierra Santa.

Pero sobre sus hombros pesaba una gran preocupación, la posible invasión, en su ausencia, de la ciudad de París por los vikingos, pueblo bravío que dominaba la costa occidental de Noruega, el sur de la península escandinava, parte de Dinamarca y algunas zonas en Inglaterra y Escocia, un pueblo guerrero que tenía como punto de mira para una futura conquista a la costa francesa y sus ciudades más cercanas.

Muralla de Philippe Auguste, restos del siglo XII y finalizada en el siglo XIII.

Previendo esta situación decidió rodear a la ciudad con una fortificación gruesa y resistente a los ataques extranjeros. Pero existía un problema, el pecunio de la monarquía en ese momento no era suficiente para afrontar un negocio de este tamaño, así que el Rey pidió a los pobladores de París que afrontaran conjuntamente el coste de la operación. Sigue leyendo