Subir al cielo de Notre Dame (3): la azotea de la Torre Sur.

 

(Viene del post anterior). Me divierto con ellas. “Ahora no me dais miedo”, les digo mientras escucho atento a un empleado de seguridad que me solicita celeridad en continuar con mi subida. Me dispongo a irme no sin antes sentir un último escalofrío mientras lanzo la penúltima foto. 

Ahora subimos por la torre Sur, la que está pegada a la orilla del Sena.

Ahora cambiamos de torre. Si al principio subimos por la Torre Norte, tras cruzar la fachada de la catedral, reanudamos la marcha por la escalera de la Torre Sur, la que está junto al Sena.

La estrecha escalera de subida… y bajada.

En la subida me tropiezo con algunas personas que bajan y tenemos que hacernos hueco como podemos para pasar ambos por la estrechez de la vía. Esta última subida se hace eterna. Pasamos de 46 metros de altura a 69, o sea, ascendemos 23 metros en escalones de unos dieciocho centímetros de altura. Sigue leyendo

Subir al cielo de Notre Dame (2): La Galería de las Quimeras.

 

(Viene del post anterior). Esta parada, para hacernos una idea se hace aproximadamente a la altura del órgano de la catedral y de la Galería de los Reyes. Una vez que todos hemos adquirido el ticket de entrada, retiran la cadena de la escalera de acceso y nos disponemos a subir al ritmo que cada uno se autoimpone.

El Pensador.

Este segundo tramo de escaleras nos llevará la Galería de las Quimeras, a 46 metros de altura.

Salimos de la Torre Norte deseando respirar aire nuevo y pidiéndole a la brisa de refresque nuestra cara sudorosa cuando se nos abre un inmenso paisaje urbano que intentamos identificar y, sobre todo, fotografiar. Un ¡ohhhhhh! es lo primero que te sale del alma.

La Galería de las Quimeras.

Es cierto que desde allí se distingue la Basílica del Sacre Coeur, la Sainte Chapelle, el Pantheon, Saint Eustache, los Puentes del Sena, Saint Sulpice o la Torre Eiffel por poner algunos ejemplos, pero, para mí, esta visión no es lo más importante de este punto. Aquí nos encontramos con las célebres quimeras que Eugéne Violette-le-Duc ordenó hacer. Sigue leyendo

Subir al cielo de Notre Dame (1): El primer tramo.

 

Las Quimeras de Notre Dame nos esperan en nuestra subida.

Todos tenemos cosas que hacer en la vida. Todos tenemos sueños que guardamos en nuestro corazón para realizarlos alguna vez en un tiempo futuro. A veces, conforme van pasando los años, vamos convirtiendo estos deseos en una obligación que nos autoimponemos.

A mí me ocurrió esto mismo con las torres de la Catedral de Notre Dame.

Entrada de acceso a las torre de Notre Dame.

Subir hasta la Galería de las Quimeras y hasta el cielo de la torre se convirtió en un objetivo. Han sido varias las ocasiones en las que he visitado París, en alguna que otra he ido prácticamente de guía de algunos amigos que deseaban conocer la ciudad, pero, las más de ellas, fueron por razones laborales.

En casi todos los casos, el tiempo del que disponía era escaso y mis pasos me llevaron por otros derroteros, por otras vías que no coincidían con este deseo propio de escalar Notre Dame.

Pero algún día tenía que llegar. Y llegó. Y la experiencia fue tan emotivamente espiritual que aconsejo a todo el mundo que realice el esfuerzo de subir, peldaño a peldaño, esta estrechísima escalera que lleva hasta el cielo catedralicio.

Si me acompañan les iré explicando como fue esta travesía y, por si les sirve de ayuda, podrán seguir este viaje a través del dibujo que les adjunto para una mejor comprensión del camino, dibujo que fue realizado por Jean-Benoit Héron (http://www.heron-heron.eu) un ilustrador arquitectónico que realiza dibujos de edificios emblemáticos de Francia.

Plano realizado por el ilustrador Jean-Benoit Héron.

El camino comienza con una larga espera. Si llegas de los primeros a la entrada, tendrás que esperar a que abran los accesos. Si no llegas con esta celeridad, esperarás igualmente a que pasen los que te preceden en la cola. Casi siempre hay que esperar pacientemente.

¿Y cuándo no hay que esperar? En general, los días de viento y agua. Pero, ¿a quién le apetece subir a casi setenta metros de altura en esas condiciones?. Sólo a los locos y los atrevidos.

La entrada se hace, generalmente, en grupos de veinte personas más o menos. Nos adentramos por una puerta que hay en el lateral de la torre norte junto a una garita de control de acceso debidamente controlada por la seguridad de la Catedral. Una vez atravesamos la puerta lateral ya sólo queda una cosa: subir. Sigue leyendo