La Aguja de la Catedral de Notre Dame.

 

Vista trasera de la catedral de Notre Dame donde destaca la célebre aguja.

La Catedral de Notre Dame de París, como ya sabemos es una inmensa iglesia gótica dedicada a la Virgen María en el corazón de la Ile de la Cité. La construcción de esta catedral tomó mucho tiempo y esfuerzo de muchas generaciones. Los trabajos de construcción comenzaron a mediados del siglo XII, en el año 1163, y no fue hasta dos siglos después, en 1345, cuando finalizaron.

Ya en 1160, el Obispo Maurice de Sully considera a la entonces Iglesia de Saint Etienne poco digna de los nuevos valores cristianos y la manda demoler para construir un magno edificio que pueda consagrarse a Dios y a la Virgen María. El gótico inicial, con sus innovaciones técnicas que permiten formas hasta entonces imposibles, es la respuesta a la demanda de un nuevo concepto de prestigio religioso en la ciudad.

La Aguja vista desde la Galería de las Quimeras.

Durante el reinado de Louis VII, y bajo su apoyo, este proyecto es bendecido financieramente por todas las clases sociales de París con verdadero interés en la creación de la catedral, nuevo símbolo del nuevo poder de la Iglesia. Así, y teniendo en cuenta la grandeza del proyecto, el programa se puso en marcha velozmente y sin interrupciones en la obra que pudieran sobrevenir por falta de medios económicos.

La construcción se inicia en 1163 reflejando algunos trazos similares a la abadía de Saint Denis. A lo largo del proceso fueron varios los arquitectos que participaron en el proyecto, Siendo ésta la razón por la cual existen diferencias estilísticas presentes en el edificio.

En 1182 el coro ya prestaba servicios religiosos y, durante la transición entre los siglos, se termina la nave. Al inicio del siglo XIII arrancan las obras de la fachada oeste con sus dos torres, extendiéndose a mediados del mismo siglo. Los brazos del transepto (de orientación norte-sur) son realizados de 1250 a 1267 con la supervisión de Jean de Chelles y Pierre de Montreuil.

La aguja de la Catedral de Notre Dame.

En el techo exterior, sobre el centro del crucero, fue construida una primera aguja (los franceses la llaman flecha, “flèche”) hacia 1250. Era un campanario que mantuvo hasta finales del siglo XVIII y tenía en su interior hasta cinco campanas. Fue desmontada del 1786 al 1792 para su restauración.

La catedral fue restaurada por Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste-Antoine Lassus (1846), aunque cuando Lassus muere, Viollet toma el mando. Entre las modificaciones que se hicieron están: la inserción de gabletes en las ventanas, el rosetón sur es diseñado de nuevo por él, cambia la piedra de los arbotantes por piedra nueva, reconstruye todas las capillas interiores y altares, en la fachada, coloca estatuas nuevas en la Galería de los Reyes y crea la Galería de las Quimeras. Además de todo esto planeó un aislamiento de la catedral derribando todos los edificios de los alrededores.

Pero una de las modificaciones más importantes y la que nos ocupa en el día de hoy fue la construcción de una nueva aguja.

Viollet-le-Duc, en el momento de los trabajos de restauración de la catedral, decide colocar una segunda flecha cuyo armazón sería independiente del techo, sostenido sobre una base octogonal que tomaría apoyo sobre los cuatro pilares del crucero. La aguja termina en una cruz sobre cuyo vértice superior podemos ver un gallo.

El gallo de Notre Dame de París.

La flecha está rodeada por las estatuas de bronce de los doce apóstoles y los símbolos de los cuatro evangelistas. Viollet-le-Duc, en un momento de autocomplaciencia, se hizo representar bajo las imagen de Santo Tomás. De estas figuras nos ocuparemos en un futuro post.

La cruz de la aguja en el punto más alto.

Tenemos que destacar algunas cifras impresionantes de esta aguja monumental: “sólo” tiene en su interior 500 toneladas en maderas nobles y 250 toneladas de plomo y desde el suelo alcanza una altura de 93 metros.

El centro de la aguja.

El gallo situado en la cumbre de la aguja contiene en su figura de bronce tres reliquias: la Corona de espinas de Jesús, una reliquia de Saint Denis y una de Sainte Geneviève.

El gallo constituye así un ” pararrayos verdadero espiritual ” que protege de las tormentas eléctricas totalmente a todos los visitantes y a los que trabajan en el interior para alabanza de Dios.

La base de la aguja rodeada por las imágenes de los apóstoles y evangelistas.

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