La Torre del Reloj (La Tour de l’Horloge).

 

Para poder tener la mejor vista del fortificado edificio de la Conciergerie tenemos que cruzar el Sena y divisarlo desde la distancia, es entonces cuando podremos admirar sus grandes fachadas y las imponentes cuatro torres reflejándose en el parduzco color de las aguas del río.

La torre de la derecha, si divisamos el palacio desde este lugar privilegiado, también tiene el sobrenombre de Torre Bombec, pero es más conocida por su apodo, “Torre de la Pregunta” por ser el lugar donde se reunían a los presos durante la revolución para realizar los interrogatorios sumarios.

A su izquierda, y en el centro de la fachada hay dos torres gemelas. La de la derecha de ellas, llamada Torre de la Plata, era el lugar reservado para guardar el tesoro de la Corona francesa. La torre de la izquierda era la llamada Torre de César y allí el acusador Fouquier-Tinville tuvo su vivienda durante los años del Terror y tuvo entre sus actividades la labor de llevar la acusación pública contra la Reina Maria Antonietta, Robespierre, los Girondinos y los Dantonistas entre otros. Para escarmiento de Fouquier, él mismo murió allí acusado de “juzgar y ejecutar a un determinado número de personas sin que hubiera contra ellas ningún acta de acusación; de haber condenado a muerte a varias personas sin que se las hubiera ni juzgado ni condenado; de que personas no condenadas fueran ejecutadas en sustitución de otras que sí habían sido condenadas; de que, de los juicios de un gran número de personas, no hubiera constancia y, sin embargo, todas ellas hubieran sido ejecutadas…”. 

A la izquierda del edificio, a pocos pasos del cruce del Pont d´Arcole y el Quai de la Corse y con vistas directas a la fachada principal de la Catedral de Notre Dame de París, nos encontramos con la cuarta torre, torre que, por poseer un reloj en su fachada de la Rue d´Arcole, se hace acreedora de llamarse Torre del Reloj (Tour de l´Horloge).

En esta Torre del Reloj, de forma cuadrada, se instaló en 1370 el primer reloj público de París. El rey Carlos V fue el que encargó su construcción. De este reloj hablaremos en el día de hoy.

A principios del siglo XIV, relojes públicos como objetos monumentales ya existían en Alemania, en Italia, y en muchas partes de Francia, pero en París, la capital del reino, y donde las bellas artes, las ciencias y las fábricas había progresado tanto, no poseía ningún reloj público.

No obstante, es justo mencionar, que algunos relojes de sol, groseramente trazados en las paredes, señalaron la hora a los transeúntes, pero esto sólo se puede hacer cuando el sol no se ocultaba por las nubes.

Carlos V de Francia, que bien merecía el apelativo de Sabio, pensó que un reloj podría ser de utilidad para los habitantes de la ciudad de París, y que, por tanto, el mismo acordó construir un gran reloj para ser colocado en una de las torres de su palacio para que el público pueda conocer la hora tanto de día como de noche.

Pero como no había un relojero suficiente hábil en París para llevar a cabo dicha obra, el rey envió un mensajero a Alemania para negociar con Henry de Wyck, un relojero famoso, con el que llegó a un acuerdo para la construcción y el montaje de la máquina. El artista alemán, dice la historia, tuvo un apartamento asignado en la misma torre donde el reloj iba a ser colocado, y recibió seis céntimos diarios del rey durante ocho años consecutivos que es el tiempo que le llevó ejecutar su trabajo.

Jean Jounence, un conocido fundidor de campanas, recibió la orden de crear la campana contra el cual el martillo del reloj iba a dar las horas.

La Torre del Reloj tiene una altura apreciable, llegando a alcanzar los cuarenta y siete metros de altura teníendo como punto culminante un pequeño mirador de forma octogonal rematado por un tejado decorado con azulejos azules y blancos (ensuciados por la polución hasta no distinguirse los colores).

Sus muros, como construcción defensiva que era, tienen casi un metro de espesor, por lo tanto, son casi infranqueables para el enemigo y, posteriormente, para los reclusos de la cárcel.

Con el paso del tiempo , se realizaron sucesivas mejoras sobre la placa de reloj de Henry de Wyck. Los más importantes se produjeron en tiempos de Carlos IX y Enrique III.

Carlos IX ordena rodear con frescos y ornamentos al citado reloj. Aunque su construcción data de 1370, no sería hasta el siglo XVI cuando el escultor Germain Pilon diera forma a lo que hoy conocemos como uno de los más bellos relojes del mundo.

Germain Pilon era hijo del también escultor André Pilon. Fue formado por su padre y por Pierre Bontemps. Pilon fue un experto en mármol, bronce, madera y terracota; desde alrededor de 1555 proporcionó modelos para los orfebres parisinos.

También sabía dibujar. Gran parte de la obra de Pilon fueron monumentos funerarios, especialmente en la Capilla Valois en la Basílica de Saint-Denis. Fue el escultor favorito de la reina Catalina de Médicis. También realizó las monedas reales. En su taller trabajaron sus hijos así como Mathieu Jacquet, quienes garantizan el éxito del estilo de Pilon durante varias décadas. Pero su obra más visitada y fotografiada es, sin duda, el reloj de la torre de la Conciergerie.

Pilon fue el encargado de realizar las esculturas del reloj. El reloj en sí está flanqueado por dos figuras alegóricas (una de ellas demasiado sensual) que representan a la Ley y a la Justicia.

La figura de la izquierda porta en su mano derecha unas tablillas con el texto latino “Sacra Dei celebrare pius regale time ius”, o lo que se puede traducir por “Celebre el sagrado derecho de Dios a temer al piadoso rey”, o en una traducción más libre “Piadoso observador de la ley de dios, respeta el derecho del Rey”, donde se expresaba la máxima de que el poder del rey venía directamente otorgado por el poder de Dios.

En la parte de la derecha podemos ver otra imagen femenina que representa a la justicia, una figura que sostiene en su mano derecha una gran espada y, en la izquierda, una balanza, símbolo universal del juicio justo.

La parte superior del reloj está concebida para representar a la corona francesa en manos de la dinastía de los Valois que, en aquellos tiempos, también ocupaban el reino de Polonia.

Por esta razón, bajo la corona podemos ver los escudos nobiliarios de los dos reinos y bajo estos escudos una frase en latín que dice: “Qui dedit ante duas triplicem dabit ille coronam”, lo que se puede traducir por “quien ya ha dado dos coronas, dará una tercera” refieriéndose a la idea de la familia Valois de conquistas de reinos cercanos, bien a través de la guerra o bien a través de alianzas matrimoniales. Rodeando a los dos escudos está el collar de la orden del Espíritu Santo, orden creada por el propio rey Enrique III. Enmarcando estos escudos están dos ángeles.

Bajo el reloj existe otra leyenda que dice lo siguiente: “Machina quae bix sextam iuste dividit horas iustitiam servare monet leges que tueri” que puede ser traducido alegóricamente por “la máquina que divide justamente las doce horas, pide observar la justicia de las leyes que nos protegen”.

Estas inscripciones fueron escritas por Jean Passerat, Profesor de Elocuencia en la Universidad de París, aunque se entiende que la última inscripción no es del todo completa.

Carlos V, rey de Francia-Cien años más tarde, Louis XIV decidió restaurar y modificar de nuevo la placa del reloj pero, ni este rey ni sus descendientes consideraron necesario mencionar, con una inicial o una simple inscripción, que Carlos V (en la foto de la izquierda) había sido el proyector y Henry de Wyck el constructor de la máquina monumental. Sin embargo aquellos soberanos que lo han modificado sí se han dado el mérito de ello y han inscrito su buen hacer sobre el propio reloj.

El reloj que actualmente reemplaza el de Henry de Wyck fue hecho por el señor Heim Leparete, y, a juzgar por la reputación de este señor, fue sin duda, bien construido.

La placa del reloj se coloca a una altura de siete metros, y el diámetro del círculo horario es de un metro treinta centímetros aproximadamente. Las figuras en bajo relieve que se colocan a cada lado del reloj son de algo más de un metro ochenta centímetros de alto, mientras que las decoraciones en general ocupan un espacio de siete metros de altura y tres y medio de ancho.

 

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